23 agosto 2017

FAMA DE SANTIDAD DE MADRE MARÍA EVANGELISTA EN DOCUMENTOS DE DIFERENTES ARCHIVOS (PARTE I)

             
             Tantas veces se nos ha hecho esta pregunta: Después de tantos años, siglos en este caso, cómo podemos conocer la santidad de una persona manifestada en su vida práctica diaria?
Cuando se pone en proceso de beatificación a una persona, es porque hay y ha habido fama de santidad mientras vivía y después du de muerte hasta el presente. Así ha sido en madre María Evangelista. Se ha transmitido su fama de santidad por tradición oral y escrita. Este es un estudio basado en documentos de diferentes archivos, que iremos publicando por partes en su Blog, diseñado para ir dando a conocer sus virtudes heroicas y así nos sirvan de ejemplo y de ayuda en nuestra vida cristiana, impulsándonos a encomendarnos a la Sierva de Dios y a pedirle su intercesión ante el Señor, al que ella amó y al que entregó tan fielmente su vida entera.
Como bibliografía de investigación, para esta primera parte del estudio que vamos a ir publicando, sobre M. María Evangelista, hemos utilizado principalmente el libro, “EL SENTIDO DE LA HISTORIA PARA CONOCER A DIOS Y RENOVAR LA IGLESIA”: Las revelaciones de María de San Juan Evangelista (1591-1648) de Oscar Antonio Solórzano. A quien quiera conocer más exhaustivamente a esta Sierva de Dios aconsejamos este libro de investigación. Puede pedirlo al monasterio Cisterciense de la Santa Cruz de Casarrubios.


INTRODUCCIÓN

             Como hemos podido comprobar los que ya la conocemos un poco, la vida de M. María Evangelista fue sencilla pero heroica. En sus 57 años de existencia, 39 los vivió como monja cisterciense en los avatares histórico-social-religioso de la primera mitad del siglo XVII, a los que ella apenas alude directamente en sus escritos. Su vida se desarrolla casi totalmente en tres localidades: Cigales, Valladolid y Casarrubios del Monte. Los 18 primeros en el seno de una familia cristiana, los 25 siguientes en el Monasterio recoleto cisterciense de Santa Ana de Valladolid y los 14 restantes en el Monasterio Cisterciense de Santa Cruz de Casarrubios del Monte fundado por ella.

Los escritos de la Sierva de Dios transmiten bien su rica espiritualidad y alta mística. En su vida se resuelven armoniosamente las tendencias contrarias de la naturaleza y la gracia. Sus prolongados y permanentes sufrimientos conviven perfectamente con su alegría y su dulzura manifestadas en el trato con los demás. Su natural despierto y claro, con el control de sí misma y la mansedumbre. La entrega en las actividades que se le encomiendan, con la quietud orante a lo largo del día y de la noche. La soledad en las dificultades y arideces interiores, con la amable acogida de los de dentro y de los de fuera del monasterio. Los grandes sufrimientos físicos, con la mayor serenidad, derramando consuelo, luz y consejo. Logró encontrar la forma de transformar lo amargo en dulzura de alma y cuerpo.

Por cada oficio que pasaba dejaba su huella benéfica. Así lo testimonian sus compañeras de cocina, de enfermería y portería en el Monasterio de Santa Ana de Valladolid y como Abadesa en el de Santa Cruz de Casarrubios. Hasta hoy permanece esa huella. Dan fe de ello las hermanas que actualmente viven en él, así como los vecinos de la localidad. El heroísmo que la Sierva de Dios se reveló en su fe inquebrantable, que manifestó en todo momento y que la llevó a inmolarse completamente porque se cumpliera siempre en ella la voluntad y el gusto de Dios, en lo interior y en lo exterior, así como en su comunidad y en la Iglesia.

Vivió heroicamente su identificación con Cristo en la Cruz y luchó y oró para que ese fuera el ideal de sus hermanas y de todos los cristianos. La cruz fue el hilo conductor de toda su vida, no solo en la teoría, sino que en ella fue realidad plenamente vivida. Cristo, en el Sacramento del Altar era la Prenda preciosa sin la cual no podía vivir, por eso Dios la premiaba tantas veces proporcionándole la comunión sacramental a través de tantos medios: permisos de los superiores mayores para comulgar todos los días, Cuando eso no era posible, lo hacía a través de un ángel, o misteriosamente de algún otro medio. Medios que también eran parte de su ya pesada cruz, lo que indicaba que en ello no había engaño. Después de la comunión, muchas veces se dieron largos éxtasis y arrobos, de los que le costaba volver en sí. Algunas veces tuvieron que recurrir al mandato por obediencia, y este obedecer era inmediato, aunque ella no oyera esta orden con los oídos físicos, porque la persona que lo ordenaba no estaba en el lugar donde se encontraba ella. No se habla especialmente de su Lectio divina, pero sus escritos dan fe de conocer y vivir la Palabra de Dios en profundidad y de estar bien alimentada por ella. Su conocimiento de Dios es la explicación de todos los carismas que se han dado en ella: sabiduría entendimiento, consejo, discernimiento, profecía, etc. Con los dones del Espíritu Santo, que le fueron concedidos, sirvió prudente y humildemente a los de casa y a tantas personas de diversa condición que acudían a ella a través de cartas, de la portería y de los locutorios de los dos monasterios en los que pasó su vida.

La vida escondida con Cristo en Dios da fuerza y fecundidad a la vida monástica, tan rica en valores humanos y espirituales. Madre María Evangelista es un testimonio del poder transformador de la gracia, de la abundancia en los carismas del Espíritu y del poder de la intercesión incesante.
Murió en el Monasterio de la Santa Cruz de Casarrubios del Monte, por ella fundado, el  27 de noviembre de 1648. Fue sepultada en la Sala Capitular. Exhumados sus restos mortales cinco años más tarde, la encontraron totalmente incorrupta. Adecuaron un nicho en el muro que daba a la Iglesia de la misma Sala Capitular y allí permaneció hasta 1960 que, por la reconstrucción del Monasterio, hubo que trasladarla temporalmente a la Parroquia de Santa María de la misma localidad. En 1964 de nuevo se trasladó al Monasterio de Santa Cruz y se puso en un nicho excavado en el suelo de la Sala Capitular actual. Dado que los devotos pedían visitar su tumba y resultaba incómodo para la comunidad, al exhumar sus restos de nuevo el día 2 de julio de 2013, por requerimiento del proceso de canonización abierto, los restos mortales se trasladaron a un nicho preparado en la iglesia del Monasterio.

A continuación, presentamos las fuentes de las cuales hemos obtenido el material para realizar una reconstrucción biográfica.
FUENTES PROBATORIAS  FUENTES INÉDITAS

Escritos de M. María Evangelista


Se trata de numerosos textos en los cuales la Sierva de Dios o algún amanuense ponen por escrito los “coloquios místicos de la Sierva de Dios”. Estos escritos personales, se encuentran conservados en el Archivo del Monasterio Cisterciense de la Santa Cruz de Casarrubios del Monte, fundado por ella. Son los siguientes:
Doc
TÍTULO
AUTOR
FECHA
001/003
Cartas originales Madre Evangelista
Madre María Evangelista
S. XVII
001/011
Algunas revelaciones de la Madre Evangelista
Madre María Evangelista
1628
002/001
Impresión de las llagas a Madre Evangelista
Madre María Evangelista
¿1627?
002/003
Obras de la Venerable Madre Sor María Evangelista (original parcial)
Madre María Evangelista
1628-1629
002/008
Cartas originales de Madre Evangelista
Madre Evangelista
1634-1635
002/016
De los medios que nos pueden ayudar a conseguir y alcanzar el perfecto amor de Dios (dudosa autoría de Madre María Evangelista)
Transcrito por Madre Trinidad
1633-1634
002/019
Hoja suelta de los escritos de Madre María Evangelista
Madre Evangelista
S. XVII
Libro
Libro de la Venerable Madre María Evangelista
Madre María Evangelista
1627
Libro
Obras de la Venerable Madre Sor María Evangelista. Tomo I. Sobre el Génesis.
Madre María Evangelista
1627-1629
Libro
Favores y mercedes. Santos y ángeles
Madre María Evangelista
1627, 1629-1631
Libro
Misericordias de Dios reveladas
Madre María Evangelista
1632-1635
Libro
Misericordias de Dios comunicadas
Madre María Evangelista
1633-1634
Libro
Misericordias de Dios continuadas
Madre María Evangelista
1633-1634

Hay que reconocer que poner por escrito las revelaciones no es fácil para los místicos y mucho menos para las místicas, especialmente en el tiempo en que le tocó vivir a la Madre María Evangelista. En efecto, la condición femenina ha sido muchas veces como un estigma pues, de entrada, levantaba sospecha cualquier escrito atribuido a una mujer. A su condición de mujer se añadían otras dificultades propias de la época. La herencia de los iluminados del XVI, la Reforma protestante y la vigilancia de la Inquisición hacían temerario poner por escrito cualquier manifestación mística. El Concilio de Trento, por su parte, en la sesión IV, promulgaba un decreto sobre la edición y uso de la Sagrada Escritura, exigiendo una serie de exámenes y licencias que hacían difícil y hasta muy arriesgado comentarla. Este era el ambiente general en el que la Sierva de Dios escribió, demostrando solo por esto gran valor.

El Padre Francisco de Vivar, confesor de Madre María Evangelista, es una figura importantísima en el monacato y en la Iglesia de su tiempo y está en relación directa con sus escritos. En opinión de algunas de sus hermanas de comunidad, entre ellas Madre Francisca de San Jerónimo, Madre Ana de Jesús, Madre Micaela y Madre Trinidad, dicen que fue traído providencialmente de Roma, donde estaba como Procurador General de la Orden Cisterciense, para guiar y ayudar a la Sierva de Dios, de modo que el confesor aparece como garantía de la ortodoxia de la que escribe.

Escritos sobre M. María Evangelista


También hay abundantes escritos referentes a M. María Evangelista. De particular interés es el Defensorio de Fray Francisco Vivar, en el cual son expuestos y aclarados diversos aspectos de la Sierva de Dios que habían sido objeto de críticas y perplejidad. Este documento trata de la defensa que hace a favor de la Sierva de Dios, exponiendo sus virtudes y clarificando aspectos de su vida que han sido malentendidos o malinterpretados. Dirige este Defensorio a la Madre Francisca de San Jerónimo, por entonces Abadesa del Monasterio de Santa Ana de Valladolid. Este Defensorio tuvo que ser realizado por el Padre Francisco Vivar en el periodo de tiempo que va desde mayo de 1632 a noviembre de 1633.

Viviendo aún también la Madre María Evangelista, el Padre Lucas Guadin pidió a la Madre Francisca de San Jerónimo, Priora en ese momento del Monasterio de la Santa Cruz (1640), que escribiera lo que conociera sobre la vida y virtudes de la Sierva de Dios. También existen las cartas de Madre Micaela, Abadesa del Monasterio de Santa Ana de Lazcano y de la Madre Ana, abadesa de Santa Ana de Valladolid, antiguas compañeras de Madre María Evangelista en el monasterio de Valladolid. Son cartas a modo de pequeñas biografías que dan valiosa información sobre ella.

Escritos que se refieren a M. María Evangelista


Se trata de documentos referentes de modo directo a la Sierva de Dios, como el Certificado de Bautismo, la fórmula de profesión monástica o la documentación referente a la fundación del Monasterio de Casarrubios del Monte y de la fama de santidad.

La Relación-Historial relata la historia de la fundación del Monasterio de la Santa Cruz de Casarrubios del Monte y de las virtudes de su fundadora, Madre María Evangelista. Es un documento muy importante porque está escrito por una de las primeras monjas de la fundación, que convivió doce años con la Sierva de Dios y que fue de su mayor confianza.

Archivos Consultados


Se aportan una selección de documentos de archivos eclesiásticos, conventuales y civiles, relativos a la M. María Evangelista Sierva de Dios, y se indican los archivos que se han consultado:



CIUDAD
ARCHIVO
FONDOS CONSULTADOS
Burgos
Archivo Monasterio las Huelgas
Fondo Histórico del Monasterio de la Congregación y de la Recolección
Casarrubios del Monte (Toledo)
Archivo Monasterio de la Santa Cruz, Casarrubios del Monte
Escritos personales de la Sierva de Dios. Escritos sobre la Sierva de Dios.
Documentos Referentes a la Sierva de Dios
Casarrubios del Monte (Toledo)
Archivo Parroquial
Fondo: los Sacerdotes
Madrid
Archivo Histórico Nacional
Clero secular y regular: Monasterio de la Santa Cruz de Casarrubios y Monasterio de Santa Ana de Valladolid (años 1589-1837)

Madrid
Biblioteca Nacional
Fondo Antiguo, anterior a 1958, Sala Cervantes
Palencia
Archivo Monasterio San Isidro de Dueñas
Fondo documentos histórico-monásticos
Roma
Archivo Curia Generalicia Orden Cisterciense
-Fondo Federación Cisterciense de Castilla.
-Fondo Federación Cisterciense de San Bernardo en España.
-Fondo Congregación
Cisterciense de Castilla
Roma
Archivo Curia Generalicia Orden Cisterciense de la Estricta Observancia
Fondo Congregación Cisterciense de San Bernardo en España
Roma
Postulación de la Sierva de Dios
Documentos sobre la Sierva de Dios
Roma
Archivo Romano de la Compañía de Jesús (ARSI)
Fondo, Castilla (España) 14-16
Toledo
Archivo Arquidiocesano
Fondo Monjas. Fondo Parroquial. Fondo Cardenal Infante Fernando de Austria
Valladolid
Archivo Monasterio San Joaquín
Fondo Histórico del Monasterio y de la Recolección
Valladolid
Archivo Diocesano
Cigales, Libro de Bautismo 2 (1584-1603), folio. 83
Valladolid
Archivo Diocesano
Fondo Monasterios



NACIMIENTO, LUGAR Y FAMILIA DE LA SIERVA DE DIOS

Contexto histórico


María Evangelista vivió en un contexto histórico muy definido: la consolidación de la unidad de España y la gran conflictividad político-religiosa que vivía Europa. Renacimiento, iluminados, inquisición, Trento, protestantismo, guerras de religión, etc., son los grandes asuntos a resolver de los siglos XVI y XVII. Recordemos que en este momento histórico la vida de la sociedad española estaba tutelada por la iglesia[1]. Conviene tenerlo en cuenta, especialmente respecto a los temas que afectan de un modo más directo a la Sierva de Dios, por el tema de los iluminados[2], la inquisición o Trento, que nos hacen valorar mejor su valentía y el valor de su obra escrita.

María Evangelista es hija de su tiempo, de la corriente piadosa y devocional a los santos, a sus reliquias y al purgatorio, del nuevo impulso que tomó en esta época el movimiento inmaculista, así como de la influencia de los escritos ascético-místicos que de alguna manera fueron lectura obligatoria en los conventos, colegios y noviciados de entonces[3]. De todo ello da buena cuenta el archivo del convento de San Joaquín y Santa Ana y la biblioteca del Monasterio de la Santa Cruz, donde se custodian todas las obras conocidas de María Evangelista, las cuales dan gran conocimiento también de su santidad.

Una monja de la Recolección


El tema de la “Recolección” interesa, ya que ella no entró a cualquier monasterio, sino en el recientemente fundado de San Joaquín y Santa Ana de Valladolid, que fue el primer monasterio cisterciense femenino reformado/Recoleto. La reforma cisterciense tiene su origen en Castilla con el movimiento iniciado en el siglo XV con Martín de Vargas[4]. En el siglo XVI, el Monasterio de San Benito de la ciudad de Valladolid[5] va a atraer a otros, incluso femeninos, hasta constituir una congregación[6]. Durante este tiempo se reformaron casi 36 monasterios, y es que en España había facilidades para llevar a cabo una reforma profunda, por haberse iniciado el proceso tiempo atrás con el Cardenal Cisneros[7]. A todo ello contribuyó el apoyo de la monarquía y de grandes papas reformadores[8], grandes teólogos, la disposición de los obispos, que promovieron sucesivos concilios provinciales y diocesanos[9], así como el ejemplo de un sin número de ascetas, místicos y un buen número de santos. De toda esta corriente de reforma emerge el monasterio de San Joaquín y Santa Ana de Valladolid, cuna de la Recolección femenina cisterciense de España, reconocido por su vida de gran austeridad, pero que dio frutos inmediatos con nuevas y numerosas vocaciones y filiaciones.

Su obra literaria


Como ya se ha dicho María Evangelista, a pesar de ser una monja culta intelectualmente, incluso, con dificultad para escribir, tuvo una intensa actividad literaria. Existen seis obras principales que suman aproximadamente 1310 páginas, transcritas informáticamente y de las cuales la más voluminosa es el Génesis con 488 páginas, seguida de las Misericordias reveladas con 415 páginas. Le siguen en volumen e importancia las Misericordias de Dios comunicadas y las Misericordias de Dios continuadas, ambas con un poco más de un centenar de páginas. Estas tres obras que comienzan con el título “Misericordias”, el “Libro de la Vida” y “Favores y Mercedes”, se podría formar perfectamente una sola obra ya que coinciden en el estilo y la temática de la cruz.

Los títulos que tienen cada una de estas obras, escritas de Madre María Evangelista, han sido puestos por copistas posteriores ya que los originales no tienen títulos. Los copistas más conocidos son El P. Gaspar de la Figuera, Jesuita, D. José Rodrigo, el padre José Lucio[10] etc. Pero lo más llamativo es que María Evangelista no tenía vocación de escritora e hizo mucha resistencia a escribir. Resistencia que se entiende que está justificada, ya que su condición femenina, de cara a los escritos, será una gran molestia, no solo para sus hermanas y letrados, sino para ella misma. Como mujer, se ve un tanto ignorante en las materias que Dios le revela. Sin embargo, esto no es más que un recurso para no seguir escribiendo, porque entiende muy bien lo que se le revela, lo que no sabe es cómo expresarlo, por la sublimidad de esas revelaciones. Le pasa un poco como a San Pablo, cuando habla del hombre que subió al tercer cielo y oyó palabras que el hombre no puede decir[11]. Objetivamente hablando, tuvo que ser algo muy sorprendente para ella por el hecho de ser una mujer de pocas letras, y, más aún, por tratarse precisamente de temas bíblicos, en parte prohibidos para la mujer, que le sea dado a conocer en semejante profundidad el misterio divino revelado en las Sagradas Escrituras.

María, quiero Yo por este medio flaco mostrar mi grandeza, y así la muestro en esta reedificación; que a Pedro no lo hice así porque entonces había mucho que hacer (…). Yo le dije: Señor, dejadme aquí, no digáis estas cosas. ¿No veis que soy mujer?”[12].

“Pedí a nuestro Señor diese estas cosas a otros y no me metiese en lo que las fuerzas de mujer no alcanzan”[13].
Y vuelve a repetir al final de la misma revelación:
“Yo dije: Señor, ¿cómo metéis en esto y en estas cosas a mujeres? El Señor dijo: María, ¿pues no he dado yo algunas cosas a Metildis y a Hildegardis[14]? Y si fuese necesario ir a Roma a asentar estas verdades, se ha de hacer”.
Por lo que el Señor dice que ha dado, sin duda se refiere a las revelaciones de Matilde de Hackeborn o de Helfta (1241/1242-1299), que escribió su hermana santa Gertrudis la Grande, en el libro VI de la obra Liber specialis gratiae (Libro de la gracia especial). La otra mística y profetisa, santa Hildegarda (1098-1179), es otra mujer escritora hoy día bien conocida. María Evangelista, sin lugar a dudas, no solo conoce a estas tres santas, sino que las sigue muy de cerca, como es el caso de la devoción del Corazón de Jesús iniciada tiempo atrás por Matilde y Gertrudis. Es muy frecuente verla a ella introducirse en el Corazón de Jesús o viceversa.

¿Cuándo comenzó a escribir y cuándo dejo de hacerlo?


Nada seguro puede afirmarse sobre esto. Pedro de Sarabia, su primer biógrafo, citando lo que dice Madre Ana de Jesús en su carta, indica que Madre María Evangelista comenzó a escribir por expreso mandato del Padre Gaspar de la Figuera uno de sus confesores[15]. Sería desde 1622-1624 que fue en los que estuvo el padre Gaspar en Valladolid. Después fue a Méjico y solo volvería a Valladolid en 1630 en que la Sierva de Dios ya era monja de coro. Afirma Pedro de Sarabia:

“En este tiempo (quiero decir, a los principios del gobierno espiritual del padre Gaspar de la Figuera) empezó nuestra María a escribir algunas cosas de su alma, favores y mercedes con que el Señor la enriqueció. Hacíalo esto con especial mandato de su padre confesor que, para instruirse más y con mejores fundamentos en los ocultos senos de aquel amable corazón, le dio la orden de que se los expusiese, no sólo con la lengua sino también con la pluma, para que, colacionándolos al viso de su prudencia, tantease los quilates que tenía en el orden de la gracia”[16].

No se sabe mucho más, lo que es evidente es que se han perdido algunos manuscritos, ya que debía entregar sus escritos a los confesores o que le eran requeridos por sus superiores de la Congregación Cisterciense de Castilla, los Visitadores y la Abadesa de las Huelgas de Burgos[17]. También se deduce la pérdida de manuscritos originales por la existencia de referencias a obras originales suyas, así como por las copias realizadas por coetáneos o amanuenses posteriores. Además, después de muerta sus papeles anduvieron en diversas manos[18]. Con todo esto, no hay constancia de que alguno de sus escritos sea anterior a 1627, año en que profesó para monja de coro. Solo hay cierto que el padre Francisco de Vivar también le ordenó que escribiera y que la mayoría de los escritos son del tiempo en que él actuó él como confesor de la Sierva de Dios. Existe una copia de las “Misericordias continuadas”[19] del padre Gaspar de la Figuera. Esta copia es de 1634, pero no indica que el original escrito por Madre María Evangelista sea de la misma fecha. Por lo demás, la Madre María Evangelista tampoco solía poner fechas.

“Fiada de la obediencia de Vuestra Paternidad[20] y de la voluntad de Dios que yo tantas veces tengo conocida, y a pesar de tantos estorbos como hay para cumplir, de falta de salud y de tiempo, ocupaciones y de memoria, y de la contradicción de las de mi casa que lo resisten[21]; que, dando cuenta por escrito de mi conciencia y estado de mi alma, y de lo que pasa en mi interior –de que Vuestra Paternidad será juez si es bueno o malo, y conforme a eso me guiará porque no yerre el camino de la verdad–, no llevaré orden ninguno ni señalaré tiempos ni materias, sino conforme el Señor lo fuere dando, así lo iré escribiendo[22]
Tampoco hay fechas que aseguren cuándo dejó de escribir. Las últimas fechas que encontramos en la copia de una de sus obras, son de 1635, en el nº 204 de “Misericordias reveladas” dice que las muchas ocupaciones de la fundación y otras, no le dan lugar para escribir.

 “Estando un día en la oración, y habiendo ya pasado algunos días que no escribía –porque las muchas ocupaciones de una fundación y algunas más de las ordinarias no me habían dado lugar–…”[23].

Experiencia mística


M. María Evangelista explica muy bien su experiencia mística en los siguientes relatos de las Misericordias reveladas:

“Habiendo estado algunos días detenida en escribir, porque me habían dicho que mucho de lo que tenía eran revelaciones y que había mucho de qué temer, aunque no me lo había dicho mi confesor, había estado detenida mirando cómo podía ser aquello, porque me parecía –y aun ignoraba– que podía ser así lo que decían, por no entender yo que había tenido ninguna revelación, que lo que tenía me parecía a mí todos eran obligados a tenerlo, porque el trato del Señor a todos nos está bien el tenerlo. Y como esto solo es vida del alma, yo entendía que sin esto que el Señor me daba no tenía tanta medra el alma, aunque bien entendía no a todos se les daba la luz que a mí se me daba. Y así me lo había dado a entender el Señor; y esto veía yo, que tenía además obligación a corresponder a lo que quería el Señor de mí”[24].

Por otra parte, el lenguaje que utiliza en los diálogos y el tratamiento con Dios es directo, confiado y respetuoso a la vez. El título que más utiliza para dirigirse al Padre es el de Majestad y Padre eterno; en cambio, para dirigirse a Jesucristo utiliza el de Señor y Majestad. Por su parte, el Señor la llama siempre por el nombre de María, nunca le dice el nombre completo. Sin embargo, los títulos que le da o le atribuye son sumamente llamativos en el ámbito de las revelaciones místicas. En efecto, sobrepasa los títulos o tratamientos típicos de la mística femenina como hija[25] y esposa[26]. Algunos de estos apelativos son un poco especiales, como el de mártir[27] y doctora[28].

Recogimiento


El recogimiento[29] es el marco espiritual en el que se dan las revelaciones. Son de dos tipos en la vida de la Sierva de Dios: el recogimiento que se logra a base de abstraerse de los sentidos en la oración y la misa, y el provocado por el Señor. Se trata de un recogimiento activo, dinámico frente a cualquier tipo de quietismo que circulaba por aquel siglo. Sus revelaciones están llenas de movimiento, con un total ejercicio de las potencias del alma. Es más, en ella éstas son el presupuesto para llevar a cabo la obra que se ha propuesto el Señor. Con la palabra recogimiento, María Evangelista indica el estado de concentración del alma en el que, por lo general, se abstrae de los sentidos del cuerpo y de todo lo exterior, quedando activa solamente sus potencias: memoria, entendimiento y voluntad. La relación es espiritualmente dinámica: el Señor la introduce en su misma divinidad, en su corazón, o bien al revés: es el Señor el que está asentado en el corazón de María Evangelista. Por eso el recogimiento no se reduce a un ejercicio o a un trabajo que ella debe hacer, sino que también es una obra del Señor, es Él quien frecuentemente recoge su alma[30].

El recogimiento tiene lugar generalmente dentro de la oración personal o dentro de la misa, y puede ser mayor o menor, según la ensimismamiento que logre de los sentidos. Pero cuando es Dios el que recoge su alma, no se limita al espacio y tiempo, de ahí que la visite en cualquier momento y circunstancia aun estando ocupada en los quehaceres cotidianos, como atender el torno o incluso escribiendo las revelaciones[31]. Ella misma se sorprende que, de repente, se ponía a preguntar al Señor, o al revés, de sentir la presencia del Señor en su interior sin estar recogida (físicamente); sentía –dice- la renovación en su alma: Este día yo estaba ausente y, con todo esto, el Señor hacía su renovación ordinaria en mi alma[32]. Como esto sucede cada día en las comuniones, termina diciendo muchas veces: El Señor hacía lo que siempre[33]. Esta gracia de tenerlo tan a mano, le dice el Señor que no la hace con todos[34]. Efectivamente, esto se confirma por el uso frecuente de las palabras me volví al Señor[35], manifestando la inmediatez o facilidad que tiene para comunicarse con el Señor. Sirva de ejemplo el momento en que contemplaba un trozo del lignum crucis que le había enviado la prelada de Burgos[36], donde el Señor interviene para explicarle el sentido de la cruz y la simbología de los materiales.

Con este ejemplo vemos que si bien los sentidos son un obstáculo para el primer modo de recogimiento, no lo son para el Señor. Por lo tanto, las renovaciones se dan tanto estando despiertos los cinco sentidos, como estando dormidos. Parecida experiencia tuvo Santa Hildegarda, que se vio obligada a ocultar por un tiempo las visiones por no haber oído nunca de alguien algo similar[37]. Con todo, hay una notable diferencia entre estar recogida con los sentidos “dormidos” o no, porque la disponibilidad del alma es más o menos apta para la revelación[38]. De hecho, la gran mayoría de las revelaciones se dan en ese recogimiento interior del alma, estando en la misa o en la oración personal. De modo que cuanto más recogida esté, mejor entendimiento tiene de las cosas que el Señor le revela; es como el leño, que cuanto más seco, más y mejor prende el fuego[39]. Los sentidos, sin ser malos en sí mismos, pueden servir de distracción o de obstáculo para el recogimiento interior del alma, ya que ésta debe alimentarse sólo del alimento espiritual, procurando comer sólo lo que el Padre le da[40]. En este sentido, María Evangelista, reflexionando sobre el nivel del recogimiento, cae en la cuenta de cómo cambia el nivel del conocimiento[41].

A veces, el recogimiento es tan profundo que por lo que dice la lleva al “éxtasis”, acompañado del don de lágrimas y otros fenómenos místicos que se ve incapaz de expresar[42].

En sus revelaciones hay un claro proceso ascendente comunicativo. Hay un progreso tanto en lo personal como en el contenido de las revelaciones, en el que a través de abundantes imágenes y diálogos va profundizando cada vez más. El Señor compara la obra que está haciendo en ella con la elaboración de un vestido, o bien se está construyendo las joyas de su corona. También utiliza imágenes que implican crecimiento, como el de una planta o jardín que debe regar para que crezca. En fin, el Señor cada vez la va llevando a niveles más altos. De hecho, un día que se está durmiendo en la oración, la despierta y le dice abiertamente que siga subiendo en el conocimiento del Señor[43].

El “espacio” espiritual de la revelación: alma y corazón


El alma y el corazón, son el “lugar” de la experiencia mística. La comunicación a través de la “locución” e “imagen” se dan en lo más interior del alma de la Sierva de Dios[44], por eso pueden comunicarse o volverse el uno al otro en cualquier momento, de modo que no dependen de los lugares[45]. Los sentidos corporales quedan al margen de esta experiencia totalmente espiritual; en cualquier caso, el cuerpo participará solo de los efectos, manifestados por pocos fenómenos externos, visibles a simple vista[46]. Todo esto confirma el camino interior y silencioso que recorre María Evangelista en su itinerario espiritual. Los sentidos corporales durante el recogimiento quedan como dormidos y despierta el alma, de modo que así no tiene impedimentos y se puede comunicar mejor[47]. Así pues, el alma es la gran sede del conocimiento y comunicación con Dios. Ésta, a través de las potencias de la memoria, el entendimiento y la voluntad, puede volar hasta Dios y unirse a Él[48]. El conocimiento espiritual que sucede en el alma es claro[49], otras veces es borroso[50] o difícil e imposible de expresar con palabras, porque va más allá de lo racional[51]. De modo que distingue en el alma dos tipos de conocimiento: uno racional, que es el que puede compartir, y otro absolutamente espiritual o supra conceptual, que, por ende, no lo puede escribir.

El espacio-tiempo de las revelaciones: la oración y la Misa

El marco de las revelaciones se desarrolla dentro de la vida normal de la comunidad religiosa: liturgia, oración personal y trabajo comunitario. Las mismas hermanas reconocerán que en su vida cotidiana no había nada extraordinario que llamara la atención. El problema le viene cuando la abadesa de Burgos la singulariza a raíz de concederle la comunión diaria. Así nos lo refiere la Madre Francisca de San Jerónimo[52]. De este modo, la Misa y la oración personal van a ser como las dos grandes fuentes o canales de las revelaciones. Lo más probable es que la prelada fuera informada de lo que sucedía en el alma de María Evangelista cuando tomaba la comunión, y de ahí que accediera a que tomara la comunión diaria, aun no estando previsto en las Constituciones.

Al narrar la revelación, María Evangelista utiliza una fórmula: En la oración de la mañana/tarde, yo decía al Señor… Así pues, las revelaciones tienen lugar especialmente en esos dos momentos: en la oración personal y en las misas. Siempre comienza diciendo el momento en que recibe la revelación, es decir, va siguiendo generalmente el orden litúrgico del día, en la oración de la mañana, en las misas o en la oración de la tarde.
En cuanto a las revelaciones dentro del contexto eucarístico, la comunicación con el Señor puede suceder antes, durante y después de la comunión sacramental o comunión espiritual, pero el momento culminante es siempre el de la comunión. La fórmula típica en que se expresa es: En la comunión de la misa el Señor decía. Otras veces especifica aludiendo a la categoría de la misa de que se trata: En la comunión conventual, o bien: En la comunión de la Orden, o: En la comunión de la misa mayor. Tras explicar el momento de la revelación, hace mención del sujeto interlocutor, que generalmente es el Hijo o el Padre; algunas veces intervienen, con licencia del Señor, los ángeles, los santos y santas.

“Yo dije: Señor, ¿no sabéis que veo que nos metéis cada día en más enredos? Pues antes que salgamos de uno ya nos queréis meter en otro”[53].

Vive las revelaciones con dudas y temores, ocultos o manifiestos, acerca de la veracidad de las mismas; sospecha que puedan ser inventos o engaños suyos, obras de su entendimiento[54]. El Señor, por su parte, irá despejando todas sus dudas y temores cada vez que surgen, confirmando y añadiendo novedades. Con todo, ha de ir despacio porque sus obras son muy grandes:

“María, vamos poquito a poquito, que eres como una canal chiquita, que, aunque pasa por ella mucha agua ha de pasar poco a poco, porque cabe poco por junto, y como mis obras son grandes no caben en ti enteras”[55].


Los diálogos y los interlocutores


Todas las revelaciones de María Evangelista son un diálogo continuo e ininterrumpido, donde las imágenes y símbolos utilizados no tienen límites y hay una abundante riqueza audiovisual: ve y habla con la Santísima Trinidad[56], ya sea con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo, con los ángeles, con los bienaventurados[57] y con las ánimas del Purgatorio[58], incluso con Elación, que es como llama al demonio[59]. Ve las intenciones y los pensamientos de los corazones de algunas personas conocidas[60]. De los interlocutores, distingue sus sentimientos y estados de ánimo. Así, ve el rostro apacible o enfadado del Padre, el gozo o el dolor del Padre y del Hijo por el conocimiento o desconocimiento de su obra; al Espíritu Santo en forma de pluma y paloma. Igualmente sucede con los ángeles y bienaventurados, y dígase lo mismo de las visiones de las penas y gozos de las ánimas del Purgatorio y el sufrimiento de los condenados. En fin, por sus diálogos frecuentes con la Trinidad, los ángeles y los bienaventurados, parece que hablaba más con los del cielo que con los de la tierra[61].
Así pues, son muchos los interlocutores de la experiencia mística que aparecen hablando con María Evangelista. Después de Dios y los ángeles, quien más interviene son sus abogados o patronos. De entre estos destacan la Virgen María, san Juan Evangelista y santa Módica.

A veces es difícil distinguir quién es el que está hablando con ella. Los diálogos con el Padre giran en torno a la obra de la creación y a la obra que ha hecho con su Hijo; en cambio, los diálogos con el Hijo giran en torno a su doble naturaleza, divina y humana, así como a la obra de su Padre y a la obra de la Cruz.

La Virgen María pocas veces aparece dialogando con María Evangelista, y se le aparece porque el Señor se la muestra. El diálogo es interesante porque la Virgen también le dice que se goza de la obra que hace su Hijo en ella y termina pidiendo que, así como el Hijo y la Madre apoyan esta obra, lo apropiado sería que el mundo hiciera lo mismo[62].

Del grupo de los apóstoles, san Juan Evangelista es el apóstol que más habla con ella y casi siempre en relación con los escritos[63].

No podíamos dejar de lado a las ánimas del Purgatorio, con las cuales también ha establecido breves diálogos[64]. El Purgatorio –dice- se lo ha enseñado de diversas maneras[65]; es un tema que aparece casi diariamente, de principio a fin. Generalmente todas las revelaciones terminan con una referencia al socorro de las ánimas del Purgatorio a través de las comuniones. Y como le encomiendan algunos difuntos, llega un momento en que ya no quiere saber quiénes ni cuándo salen del purgatorio[66].

La unión esponsal con Dios

En efecto, el Señor la ha ido uniendo a sí poco a poco con la promesa de llevarla a la plenitud. El 21 de octubre y luego el 23 y 25 de noviembre de 1627, el Señor, bajo condición de una fidelidad total, le promete la unión hasta el punto de ser una misma cosa. Uno de esos vínculos de unión es la comunión sacramental y espiritual; la realidad que está detrás de la eucaristía, no puede ser otra que la cruz. Estar unidos por la cruz, es decir, ser esposa consiste en estar unida a la cruz con É[67].

En la cumbre de la unión experimentará una transformación e inhabitación de Dios en su alma hasta el punto de la “divinización”, como participación en la divinidad por la unión con el Esposo divino.

A lo largo de toda su obra, principalmente del “Libro de la Venerable Madre”, el término “esposa” se repite frecuentemente y el tálamo nupcial es la cruz[68].







[1] DOMÍNGUEZ ORTIZ, A., Historia de la Iglesia en España, IV. La Iglesia en la España de los siglos XVII-XVIII, BAC, Madrid 1979, 5. dir. R. GARCÍA-VILLOSLADA.
[2] LLORCA, B., Sobre los alumbrados y la inquisición ver: La inquisición española y los alumbrados (1509-1667). Según las actas originales de Madrid y de otros archivos, UPS, Salamanca 1980.
[3] GARCÍA ORO J. Historia de la Iglesia, III: Edad Moderna, BAC, Madrid 2005, 178.
[4] LEKAI, L. J., Los Cistercienses. Ideales y realidad. Herder, Barcelona 1987, pág. 172.
[5] BENNASSA B. o.c., 329. Cf. Sonja Horpoel, A la zaga de Santa Teresa: Autobiografías por mandato, Ámsterdam-Atlanta GA, 1999, pág. 221.
[6] GARCÍA ORO, J., o.c., 48.
[7] BENNASSAR, B. o.c., 370.
[8] GARCÍA-VILLOSLADA, o.c., 765.
[9] LLORCA, B. – GARCÍA VILLOSLADA R., o.c., 892.
[10]  Religioso agustino que residió algún tiempo en el convento de San Agustín de Casarrubios del Monte.
[11] 2Cor 12,4.
[13] Ídem, 23 de abril de 1628.
[14] Se refiere a Matilde de Magdeburgo e Hildegarda de Bingen.
[15] Enríquez Cosgaya, Ana de Jesús María, Carta de Madre Ana de Jesús María. Doc. 001/098;
[16] Sarabia, Pedro de, Vida y espiritualidad de la Madre María Evangelista, Tomo I, n. 401.
[17] La conciencia de que los papeles de María Evangelista han estado circulando por varios lugares nos lo refiere don Melchor de Reoyo en una carta al Padre Sarabia, cuando le dice que el confesor de Santa Ana: “quedó en ejecutarlo y escribir [a] algunos monasterios de nuestro Padre San Bernardo, donde le parecía que los visitadores que fueron en aquel tiempo llevaron algunos [papeles]”. Doc. 001/049 Carta de don Melchor de Reoyo (4ª), 1739;
[18] Vivar, Francisco de, Obras de la Venerable Sor María Evangelista. Tomo I. Sobre el Génesis. Preludio del copista.
[19] El título completo, que dio don José Rodrigo a la copia que él realizó es: Misericordias de Dios continuadas en los escritos de la Ve. Madre María Evangelista Religiosa Bernarda Recoleta, fundadora del convento de Santa Cruz de la Va. de Casarrubios del Monte, que escribió por mandado de sus confesores, sacados fielmente de sus originales: y estos que se siguen están escritos de mano del P. Gaspar de la Figuera de la Compañía de Jesús.
[20] Nota del copista, don José Rodrigo, al margen: “Es como proemio de la obra”.
[21] En el original del padre de la Figuera aparece tachado (aunque legible) lo siguiente: “… y de la contradicción ‘de las de mi casa, que lo’ resisten”. El copista, don José Rodrigo, interpreta esta frase así: “… y de la contradicción ‘de algunas siervas de Dios que con santo celo lo estorban y’ resisten”.
[22] Quintero Malfaz, María Evangelista, Misericordias de Dios continuadas, inicio.
[23] Madre Trinidad, Misericordias reveladas a la Madre María Evangelista, 24 de febrero de 1635.
[24] Ídem, 20 de agosto de 1633.
[25] Ídem, 23 de agosto y 5 de septiembre de 1633.
[26] Ídem, 17 de agosto de 1633.
[27] Quintero Malfaz, María Evangelista, Libro de la Venerable Madre, 21 de octubre de 1627.
[28] Ídem, 30 de septiembre de 1627.
[29] LLAQUET J. L., Sobre la vía del recogimiento, La senda de perfección en la Suma Espiritual del jesuita La Figuera, Credo. 2013 págs. 32-35.
[30] Vivar, Francisco de, Obras de la Venerable Sor María Evangelista. Tomo I. Sobre el Génesis. 2 de marzo de 1629.
[31] Vivar, Francisco de, Obras de la Venerable Sor María Evangelista. Tomo I. Sobre el Génesis. 2 de enero de 1628.
[32] Ídem, 14 de enero de 1628.
[33] Ídem, ejemplo los días: 8, 9 y 28 de enero, 6, 11, 15, 18, 19 y 22 de febrero de 1628, etc.
[34] Ídem, 23 de enero de 1628.
[35] Ídem, 28 de mayo de 1628. Sirvan como ejemplo los siguientes días: el 11 de enero de 1628: lo mismo el día 25 de enero de 1628.
[36] Ídem, 10 de enero de 1628.
[37] CIRLOT-GARÍ, o.c., p. 50: A mí me sorprendía mucho el hecho de que, mientras miraba en lo más hondo de mi alma, mantuviera la visión exterior. (Vita, Libro II, cap. II).
[38] Vivar, Francisco de, Obras de la Venerable Sor María Evangelista. Tomo I. Sobre el Génesis. 30 de enero de 1628. «En la comunión de la mañana, digo oración, el Señor decía…» Al terminar de describir la revelación concluye diciendo: «A todo esto estaba dormida a los sentidos del cuerpo, pero muy despierta en el alma».
[39] Ídem, 2 de abril de 1628.
[40] Ídem, 26 de enero de 1628.
[41] Ídem, 2 de abril de 1628.
[42] Ídem, 9 de julio de 1628.
[44] Ídem 21 de octubre de 1628.
[45] Vivar, Francisco de, Obras de la Venerable Sor María Evangelista. Tomo I. Sobre el Génesis. 21 de febrero de 1628.
[46] Hernando Álvarez, Francisca de San Jerónimo, Copia de carta de la Madre Francisca de San Jerónimo al padre Lucas Guadin. Doc. 001/028.
[47] Quintero Malfaz, María Evangelista, Libro de la Venerable Madre, 26 de octubre de 1627.
[48] Vivar, Francisco de, Obras de la Venerable Sor María Evangelista. Tomo I. Sobre el Génesis. 2 de enero de 1628.
[49] Quintero Malfaz, María Evangelista, Libro de la Venerable Madre, 9 de septiembre de 1627.
[50] Quintero Malfaz, María Evangelista, Misericordias de Dios continuadas, n. 6.
[52] Hernando Álvarez, Francisca de San Jerónimo, Copia de carta de la Madre Francisca de San Jerónimo al padre Lucas Guadin. Doc. 001/029.
[53] Vivar, Francisco de, Obras de la Venerable Sor María Evangelista. Tomo I. Sobre el Génesis. 21 de abril de 1628.
[54] Ídem, 21 de mayo de 1628.
[55] Ídem, 23 de abril de 1628.
[56] Quintero Malfaz, María Evangelista, Misericordias de Dios continuadas, n. 46.
[57] Quintero Malfaz, María Evangelista, Favores y Mercedes. Santos y Ángeles. 1 de noviembre de 1627;
[58] Quintero Malfaz, María Evangelista, Misericordias de Dios continuadas, n. 63.
Quintero Malfaz, María Evangelista, Libro de la Venerable Madre, 15 de marzo y 7 de de octubre de 1627.
[59] Ídem, 29 de julio, 10 y 11 de agosto de 1627, entre muchas otras citas.
[60] Sarabia, Pedro de, Vida y espiritualidad de la Madre María Evangelista, Tomo I, cap. XXXVIII.
[61] Sarabia, Pedro de, Vida y espiritualidad de la Madre María Evangelista, T. I, cap. XXXVIII.
[62] Vivar, Francisco de, Obras de la Venerable Sor María Evangelista. Tomo I. Sobre el Génesis. 5 de agosto de 1628.
[63] Ídem, 6 de mayo de 1628.
[64] Ídem, 15 de abril de 1628.
[65] Ídem, 17 de marzo de 1628.
[66] Ídem, 17 de junio de 1628.
[67] Quintero Malfaz, María Evangelista, Libro de la Venerable Madre, 21, 22 Y 23 de octubre de 1627.
[68] Ídem, jueves, 9 de septiembre de 1627.