26 diciembre 2013

TESTIMONIO DE D. PEDRO RODRÍGUEZ


D. Pedro Rodríguez, Director espiritual del Seminario
Menor de Toledo.
Con mucho gusto escribo estas letras a petición de las monjas del Monasterio Cisterciense de la Santa Cruz de Casarrubios del Monte. 

            Mi cercanía y afecto a las Hermanas en calidad de confesor suscita en mí un gran deseo de conocer a esta alma privilegiada que caminó con perfección por el sendero de la entrega radical a Jesucristo, me refiero a la M. María Evangelista, fundadora de este Monasterio en el siglo XVII. 

            La Iglesia desea ponernos el ejemplo de personas que se han tomado en serio su vida de santidad, por eso al elevarlas a los altares nos hace mirar hacia ellas para que con su ejemplo nos estimulen a avanzar con generosidad en el camino de la caridad, quitando todo obstáculo para llegar a esa meta definitiva que es Dios. 

            Son ahora los momentos de sacar más a la luz la vida y escritos de esta monja Cisterciense Madre María Evangelista para que acercándonos a ella conozcamos la obra que el Espíritu hizo en su alma y cómo colaboró con su libertad no queriendo obstaculizar a Dios en los designios que tenía sobre su vida. 

            El Santo Padre Benedicto XVI nos dice lo que una persona que vive su fe desea hacer para ir por el camino de la santidad: “Un santo no es aquél que realiza grandes proezas bastándose en la excelencia de sus cualidades humanas, sino el que consiente con humildad que Cristo penetre en su alma, actúe a través de su persona, sea Él el verdadero protagonista de todas sus acciones y deseos, quien inspire cada iniciativa y sostenga cada silencio”. 

            Bien se puede aplicar a la M. María Evangelista esta definición, pues no buscó en su vida sino dejar a Cristo que fuera el verdadero protagonista, fue forjada desde el principio en el taller de la humildad y buscó desde su profunda devoción, identificarse con Jesucristo crucificado. No pudo llevar ese nombre de la Cruz en su Toma de Hábito, pero todo este Monasterio fundado por ella vive a la sombra de a Santa Cruz. Y fue aquí donde la M. María Evangelista ante el lienzo del Cristo de la Sangre sintió la invitación del Señor a enjugar su rostro y a aliviar sus angustias. 

            Es así como desde su entrega a Cristo y a las Hermanas de comunidad irá trazando ese camino de perfección, por el camino real de la cruz que es sendero cierto para el cielo.

            Admira su gran docilidad a quienes fueron sus consejeros y guías espirituales en su vida. Esa docilidad es señal cierta de virtud, por eso desde la luz de los grandes maestros del espíritu en la victoria de la Orden del Císter, buscó en todo servir a Cristo y no ser sorda a la voz del Maestro, si ni diligente en hacer siempre y en todo la voluntad de Dios.

            Que la vida y ejemplo de la M. María Evangelista nos anime a ser fieles a nuestra vocación y a las exigencias de nuestra fe. 

            Que pronto podamos ver en los altares a esta alma escogida, que brilló por su fidelidad en el amor a Dios y a la Iglesia.
D. Pedro Rodríguez

15 octubre 2013

ALGUNOS DE LOS FAVORES RECIBIDOS

No será engañada el alma que en cruz viviere,
porque la cruz tiene por propiedad de dar luz
y la cruz es verdad


Alcorcón - 15 de Mayo de 2014Queridas hermanas: Me dirijo a Vds. Para cumplir con buena voluntad como les dije. Son muy buenos recuerdos los que han quedado en mi interior de los días que pasé en el monasterio de Casarrubios y por supuesto volví al mismo para escuchar la Santa Misa del domingo 11/5/14, día del Buen Pastor, para cumplir con el deseo de visitar y dar gracias a M. María Evangelista. De ella y por su intercesión recibí la gracia que le pedí, que mi queridísima hija Ana consiguiera superar unas pruebas PAEZ y exámenes que eran muy difíciles. Le agradeceré siempre esta ayuda concedida por su intercesión. Mi hija aprobó y superó lo que pararía imposible.


El día del favor recibido fue el 6/5/2014. Gracias M. María Evijo que ni lo uno, ni lo otro, afrontando responsablemente el embarazo. Ante tal noticia, hemos estado muy preocupados toda la familia. Comentándole dicha situación a mi estimada compañera de Tribunal Dª Patricia S. me informa y pide que con toda la fe que pueda, rezara y le pidiera a la Madre María Evangelista que todo saliera bien, dándome una estampa de la Madre, cosa que he estado haciendo durante todo el tiempo de embarazo. Felizmente, mi hija dio a luz a una niña, muy chiquitita, de poco peso, pero según los médicos, perfectamente sana y normal, sin ninguno de los Síndromes raros que anunciaron al comienzo de dicho embarazo. 
Con mi sincero agradecimiento.    C. R. G.

Estimadas S. Mª José y resto de la Comunidad: muchísimas gracias por sus oraciones. La chiquita va muy bien, ayer ya pesaba 2,750 kg. (tiene 25 días de edad) y parece que se va desarrollando con toda normalidad: come y duerme muy bien. Rogarle que sigan rezando por ella y también por nosotros, que siempre nos vendrá bien. Esperamos que, efectivamente, en el mes de mayo podamos acercarnos al Monasterio a saludarlas y darles personalmente las gracias. Cordiales saludos. Carlos Rodríguez   El 22 de enero de 201



Casarrubios - Yo siempre he tenido mucha devoción a M. María Evangelista, y siempre también me he sentido de alguna forma escuchada cuando le he encomendado a ella. En septiembre del 2012 mi hijo tuvo un acciendente  de tráfico en el que él milagrosamente salió ileso pero el coche quedó siniestro total. Con el nuevo automóvil, pocos días después tuvo que hacer un viaje por el sur de España, desde donde me llamó para decirme que le habían robado el coche y que se lo encomendara a M. María Evangelista. Antes de una hora volvió a llamarme para decirme que ya lo había encontrado y que estaba completamente bien. Encuanto me fue posible fui a la Iglesia de las monjas a darle gracias a La M. María Evangelista por el nuevo favor recibido.


Viernes 15 de marzo de 2013 12:58 - Hola Mª José, tenía ganas de escribirte como te comenté pero es que desde que estoy en mi nueva ubicación no me dejan pero aprovecho ahora que estoy más tranquilillo y con menos papeles.

 Mi “experiencia” con la Madre María Evangelista es que ya llevaba una temporada que por culpa del estrés en el trabajo y por no dormir lo debido, estaba teniendo unas taquicardias que poco a poco iban en aumento y tanto era así que por las noches me era imposible conciliar el sueño porque, literalmente, me ahogaba y eso hacía que me pusiera peor, así que una noche pensé en “molestar” a la Madre María Evangelista pidiéndoselo con todo mi corazón, ya que sabía que no me iba a fallar y así fue.  Le rogué su intercesión para solucionar ese problema, ya que tú sabes que hay alguien que me necesita sano. Coloqué su estampa debajo de mi almohada y ya no me enteré de más hasta la mañana siguiente, en la que me levanté totalmente distinto: tranquilo y seguro de que “ella” había la causante de mi mejoría.  Por eso la tengo presente todos los días y llevo conmigo la estampa, vaya donde vaya y siempre que tengo alguna preocupación, por pequeña que sea, pienso en ella y en su intercesión.  Por eso pido a Dios Nuestro Señor y la Virgen Santísima que pronto la tengamos en los altares. Un beso muy fuerte para todas y en especial para ti de mi madre y mío, A. A.A.


 2013 - En noviembre de 2010 visité de forma casual el monasterio de Casarrubios y la tumba de la M. María Evangelista, rogué en ese momento de forma especial por un empleado de la empresa familiar que tenemos, pues, tras sufrir un grave accidente en el campo y complicarse con una infección muy grande del intestino, se encontraba en la UCI del hospital Virgen de la Salud de Toledo con pronóstico muy grave, estuvo ingresado en la UCI unos 20 días. Yo pedí a la M. María Evangelista su curación y gracias a Dios se recuperó. Hoy sigue trabajando con nosotros y está totalmente recuperado. Para mí y mi familia fue un milagro, debido a la gravedad de su estado, pues los médicos nos daban pocas esperanzas.

En marzo y abril de 2011 rogué a la M. María Evangelista que un asunto económico importante se resolviera de una manera favorable sin necesidad de ir a juicio. Al final llegamos a un acuerdo.       En mayo de 2012 a mi cuñado le cogió en el campo una vaca brava, le dio una cornada en la cara, nada más enterarme pedí a la M. María Evangelista que no fuera grave y, gracias a dios, por cuestión de milímetros no le dañó ningún nervio ni arteria importantes, le operaron y se recuperó muy bien.

En febrero de 2013 a mi marido le diagnosticaron una malformación di Chiari grado I (hernia en la unión del cuello con  la cabeza) y cavidad siringomiélica  de C2 a C4, le operaron en marzo. Le ruegue a la M. María Evangelista que todo salga bien, gracias a Dios está bien y se encuentra mejor, aunque la recuperación es un poco lenta espero que con el tiempo se recupere al cien por cien.

En abril de 2013 a mi suegra le diagnostican dos pólipos en el colón, la operan en mayo. Le rogé la M. María Evangelista que se los puedan quitar bien y que después no necesite tratamiento oncológico y gracias a Dios así ha sido, no ha necesitado tratamiento. Mª Jsús G


2013 Querida Sor María José, escribo esta carta como acción de gracias a la Madre María Evangelista por su intercesión ante Dios por mi curación, y para que sirva de testimonio y estimule a otras personas a encomendarse a ella.
            Hace un año nació mi hija y fue para mí un motivo de gran alegría pero a los pocos meses sufrí una grave depresión; en poco tiempo mi salud física y mental se fue deteriorando, dejé de comer y adelgacé varios kilos, no podía dormir y tuve que tomar medicación para conciliar el sueño, tampoco podía llorar mi reír, me costaba mucho esfuerzo seguir una conversación y pasaba los días en un estado de angustia y ansiedad permanente.
            Después de tres meses de tratamiento psiquiátrico no obtuve mejoría, por el contrario, empeoré hasta el punto de estar la mayor parte del día en la cama.
            Yo estaba perdiendo la esperanza de curarme y el médico dijo a mi familia que habría que ingresarme.
            En una visita al Monasterio de la Santa Cruz de Casarrubios, Sor Mª José me dio una cuña de madera con la imagen de la Madre María Evangelista y me animó a pedirle con fe mi curación.
            Yo sabía que todas las monjas estaban pidiendo a la madre por mí y comencé a rezarle varias veces al día con la seguridad de que podía interceder por mí ante Dios como había intercedido en vida por tantas personas necesitadas.
            Después de una semana de encomendarme a ella dejé por completo el tratamiento para la ansiedad y el insomnio a pesar de que el médico no estaba de acuerdo y mejoré de un día para otro, totalmente, volviendo a sentir hambre y sueño.
            Ahora vivo disfrutando de mi familia y mi trabajo, he vuelto a reír y a tener mi carácter habitual.
            Doy gracias a Dios por el gran favor que me hecho y a la Madre María Evangelista por su intercesión y me sigo encomendando a ella con toda mi familia.  María E


 26-6-2004 - Queridas hermanas: He querido escribirles desde hace un tiempo y por fin lo hago. Actualmente vivo en Estados Unidos pero soy venezolano. Resulta que el año pasado una amiga me envió desde Venezuela, por Internet, unas estampillas con oraciones de la Madre María Evangelista[1] y me dijo que ella había soñado con la Madre María y que le pedía que nos entregara esas estampillas. Ese sueño coincidió con una operación que me hicieron el año pasado para extraerme un tumor en el cerebro que me estaba dejando ciego. Gracias a Dios ahora me encuentro bien con mi esposa y mis 4 hijos. Quisiera conocer más de la Madre María Evangelista. Siempre la menciono en mis Rosarios diarios después de lo que sucedió pero siento un deseo de conocer más de su vida y su obra. Gracias por su ayuda y que Dios las bendiga. Víctor Alvarado


1993  Recé varios días a la M. María Evangelista pidiéndole una gracias y le prometí comunicarlo. Esa gracia me fue concedida y agradecida lo comunico.  María del Monte Carmelo



Cáceres 11- Marzo – 1996 - Hace algún tiempo encontré casualmente una estampa de M. María Evangelista,  gracias a su intercesión conseguí lo que tanto pedí en mis oraciones, acabar la carrera de Derecho, es por ello por lo que escribo esta carta, pera agradecer este gran favor.  José Manuel  M
1994  - Valladolid. Les comunico que por mediación de M. María Evangelista he recibido la gracia que le pedí  (firma ilegible)

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           Invitamos a aquellas personas devotas de M. María Evangelista que crean haber recibido algún favor, que nos lo comuniquen. No es necesario publicarlo aquí ni en ningún lado. Esto lo publicamos con el permiso de los que han escrito su testimonio, para que otras personas se animen a encomendarse a ella y se beneficién de su intercesión.
          Agradecemos mucho también los donativos que nos han enviado como ayuda de los gastos del proceso. Muchas gracias.
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 [1] Estas estampas, así como  con una síntesis biografica, se editaron con motivo del centenario IV centenario de su nacimiento- por conconsejo y con el permiso de D. Rafaél Palmero, El entonces Vicario General de la Archidiócesis y solo para uso privado.

14 octubre 2013

Testimonio de Sor Mª Crescenta Mateo CCSB

Monasterio cisterciense de Calatravas
de Morazarzal. Pincha en la imagen
si quieres conocerlo.
MONASTERIO CISTERCIENSE CALATRAVAS
MORAZARZAL (MADRID)

Querida M. Araceli y Hermanas todas de Casarrubios:
            Con gran alegría he recibido la noticia de que os habéis puesto manos a la obra para sacar del olvido y anonimato la esplendente figura de M. Mª Evangelista. Mujeres como ella, en los tiempos que corren, no deben estar ocultas, hay que darlas a conocer a toda la Iglesia del Señor, deben estar “sobre el candelero, no debajo del celemín” pues su vida tan entregada, tan modelada por la Divina Voluntad, está llamada a ser un ejemplo vivo para todos, ella con sencillez y audacia supo ir tejiendo su camino personal de entrega y santidad, plegándose a lo que la obediencia le ponía delante, sin renunciar nunca a los más genuino de su vocación, esperó, contra toda esperanza puramente humana, que Su voluntad se cumpliría abriéndose camino en su propia existencia, como efectivamente ocurrió. El conjunto de su vida, humana y sobre natural, es un ejemplo tan vivo y vibrante que muy bien puede ser propuesta como modelo de esperanza, de fe, de vida oculta y mística…, pero también de vida entregada, de oración firme, abandonada  perseverante que fue haciendo de ella la Monja que hoy nos puede servir de modelo a todas las que de alguna manera seguimos sus pasos de ir buscando a solo Dios en nuestras vidas. 

            Por todo ello, queridas Madre y Hermanas, recibid mi más cálida felicitación, or su determinación para poder proponerla como un gran modelo que imitar y una poderosa intercesión a quien acudir.
 
            Sería de desear que trabajaseis por dar a conocer más su figura con alguna biografía de divulgación de su personalidad y otra más profunda  en que se abordasen las facetas más íntimas de su vida.
 
            Agradeciendo una vez más su iniciativa, un abrazo fraterno.
 
            Sor Mª Crescenta Mateo CCSB

30 septiembre 2013

Testimonio de Madre M. Rosaria Saccol

Madre M. Rosaria Saccol con monjas de su monasterio


MONASTERO CISTERCENSE
dei santi Gervasio e Protasio
Piazza Fiume, 68

              Querida M. Abadesa y hermanas del Monasterio de la Sta. Cruz de Casarrubios:
            La santidad es la primera urgencia pastoral de la Iglesia. La Constitución Lumen Gentium comienza el capitulo V, dedicado a la vocación universal a la santidad, con una profesión de fe en la santidad de la Iglesia. Nos dice le texto conciliar que “Cristo, el Hijo de Dios, es quien con el Padre y el Espíritu Santo es proclamado “el único Santo”. Él amó a la Iglesia como a su esposa, entregándose a sí mismo por ella para santificarla” (Ef 5, 25-26). Por ello, añade el Concilio: “en la Iglesia, todos, jerarquía y fieles, están llamados a la santidad” (LG 40). A ella invita y urge Jesús a todos los cristianos, cualquiera que sea su estado y condición: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48). Para ello nos regala el don de su Espíritu, que nos permite amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas (Mt 11, 20), y al prójimo como Cristo nos ama (Jn 13, 34 y 15, 12). 

            Por ello, San Pablo nos pide que vivamos como conviene a los santos (Ef 5, 3) y que como elegidos de Dios, santos y amados nos revistamos de entrañas de misericordia, benignidad, humildad, modestia y paciencia (Col 3, 12) y produzcamos frutos de santidad (Gál 5, 22; Rom 6, 22). El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2013-2016) nos recuerda también esta verdad fundamental, simple y sencilla, declarada por la Iglesia y vivida por ella a lo largo de veinte siglos: la llamada universal a la santidad. 

En realidad la santidad es la única vocación del hombre. No hay otra vocación, ni tenemos otra tarea mejor que realizar en la tierra. Todo para ser santos, todo para glorificar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. 

            Los santos son siempre modelos de vida para los creyentes en todas las virtudes cristianas. Sus vidas se fundamentan en la virtud teologal de la fe. Es verdad que la primera de las virtudes teologales es la caridad (1 Cor 13, 13), pero ello no quiere decir que la fe sea menos importante, porque la fe actúa por la caridad (Gál 5, 6), es decir, que la que obra es siempre la fe. Cuando se mira a una persona virtuosa como la M. Mª Evangelista, no cabe duda alguna que el motor de sus virtudes es la fe, que es el alma de la esperanza y de la caridad. Su vida está traspasada por la fe. Ella la  vive desde la cruz, no cualquier cruz, sino la de Cristo que se entrega por todos. Por ello, hace de su vida una ofrenda total al Padre, que le lleva a entregarse por amor a los hermanos. Su amor por todos nace de su fe. No nace de una compasión puramente humana sino contemplando la cruz de Cristo. Esta vivencia de Cristo crucificado le acerca al Padre, Creador de todo, que envía a su Hijo para nuestra salvación, y también a nuestros prójimos, por quienes Cristo murió haciéndonos hermanos. 

            Ella está convencida de que la cruz es el núcleo de su vocación. Su espiritualidad, centrada en la cruz y los consejos evangélicos, se caracteriza por la vivencia alegre de la virtud de la pobreza, la fidelidad a la oración, la mortificación, las obras de misericordia, su piedad, su austeridad y amor a la pobreza, su fidelidad a la regla hasta en los más mínimos detalles. 

            La vida de M. Mª Evangelista, es una forma preciosa de alentarnos en el seguimiento e imitación de Cristo. 

            Todo esto no se puede alcanzar sin una vida interior sincera y sin la unión vital con el Señor, dejando que sea Él mismo quien nos conduzca. 

            Otra prueba de la heroicidad de sus virtudes es su trato siempre amable y lleno de cariño por todos. No siempre fue fácil mantener el equilibrio del espíritu en la diversidad de circunstancias que rodean la vida de una persona. M. Mª Evangelista, sin embargo, siempre trató a todos, tanto y especialmente en su etapa de monja lega como en sus años de Madre Abadesa, con exquisita caridad, que en su caso no es fruto solamente de la educación humana recibida, sino que tiene una raíz sobrenatural muy profunda. 

            M. Mª Evangelista es modelo a imitar por cualquier cristiano. Su vida es epifanía o manifestación en nuestro tiempo, a pesar de la época en la que vivió (siglo XVII), de la vida de Cristo. Por ello, esperamos que la Iglesia la ponga sobre el candelero para que la luz de su amor a Jesucristo y el testimonio de su santidad nos ilumine a todos. Su vida nos alecciona e invita a seguir a Jesucristo con radicalidad y perseverancia y entusiasmo, valores olvidados en nuestro tiempo. 

            Para nosotras de la Orden Cisterciense la beatificación de la M. Mª Evangelista es ciertamente una gracia muy grande y un reconocimiento público de sus virtudes. Todo esto tiene, una finalidad pedagógica: mostrarnos que la santidad radica en el amor y en la fidelidad al Señor, en todas las circunstancias desde las más comunes y ordinarias de la vida hasta las experiencias místicas. 

            La santidad efectivamente no es sólo fruto de nuestro esfuerzo. Es, sobre todo, la donación del mismo Cristo en nuestros corazones. Esto es lo que verdaderamente llama la atención en los santos. No los hace santos la razón, ni el estudio, ni la perfección humana de sus actos, sino Cristo grabado a fuego en sus corazones. Todo ellos son transparencia cabal de Jesucristo a pesar de las dificultades. 

            En Madre Mª Evangelista, Jesucristo fue el centro de gravedad de su corazón, la razón última y definitiva de si vida, el valor supremo, la fuerza para esperar, la motivación de su misión como monjas cisterciense teniendo siempre como horizonte la gloria de Dios. 

            Yo creo que las palabras del Siervo de Dios Giacomo Gaglione resumen la vida de M. Mª Evangelista: “los santos no son grandes por las grandes obras que han hecho sino por el amor con el que se han sacrificado, para la realización de la misión que Dios les pidió”. 
                                 
  Madre M. Rosaria Saccol
                        Abadesa del Monasterio de lo santos Gervasio y Protasio.

 

04 agosto 2013

Testimonios: D. Ignacio Palacios Blanco y D. Fernando Palacios Blanco

D. Ignacio Palacios
Sacerdote de la Archidiócesis de Toledo (España)
Párroco de la Iglesia de Santa María Madre de la Iglesia
Profesor de filosofía den el Centro de Estudios Teológicos San Ildefonso, de Toledo
 
         En una visita al monasterio de las monjas Cistercienses de Casarrubios del Monte (Toledo), oí hablar por primera vez acerca de la Madre maría Evangelista. Me impresionó en primer lugar, que habiendo trascurrido tanto tiempo desde su muerte, siguiera gozando de la devoción y confianza de tantas personas, no sólo en el monasterio en el que vivió como religiosa, sino también de tantos otros vecinos de la zona que en el seno de sus familias habían recibido el testimonio de su vida, y a ella se encomendaban. 

         Lo que más llamó mi atención al conocer la figura de la Madre maría Evangelista, fue el ejemplo de su vida entregada a las tareas más humildes del monasterio. Habiéndola elegido el Señor para una tarea sencilla quiso mostrar cómo esa vida de oración y servicio a Dios en la vida comunitaria, le agradaba de manera especialísima. Como prueba de la bendición de Dios hacia ella, el Señor la quiso colmar de multitud de sus dones. A las gracias mística que recibió la Madre, se unía una vivencia alegre de lo que constituye el alma y esencia de la vida cristiana: la caridad. 

         Para la Madre María Evangelista la entrega de amor a Dios, se traducía en una entrega de amor al prójimo. Su delicadeza y afabilidad en el trato contribuyeron a la edificación de la vida de comunidad del monasterio en el que Dios la había puesto. En seguida esas virtudes traspasaron las paredes del monasterio, llegando su ejemplo a cuantas personas se acercaban al monasterio y tenían ocasión de conocerla. 

         Su fama de santidad traspasó además los límites del tiempo. Su vida ha servido de estímulo en la entrega delicada, fiel, y silenciosa de tantas monjas cistercienses que la han conocido a través del testimonio de las generaciones que las han precedido. Su  ejemplo nos ayuda a percibir la centralidad que el encuentro con Cristo tiene en el camino de unión con Dios, al que está llamado todo cristiano. Su vida pone de manifiesto cómo de esa unión esponsal con Cristo, brota toda la fecundidad espiritual de la entrega a Dios y a la Iglesia. 

         Pido a Dios, que el proceso de la Madre Evangelista ayude y estimule a muchas personas en su encuentro y entrega a dios, de manera especial en la vida contemplativa. Que la intercesión de la madre María Evangelista contribuya también a la renovación en su consagración a Dios de tantas religiosas contemplativas que, en el silencio de sus monasterios, oran sin interrupción por la salvación y las necesidades del mundo.
  D. Fernando Palacios Blanco
                                                       
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D. Fernando Palacios Blanco
 
Sacerdote de la Archidiócesis de Toledo (España)
Estudiante de Doctorado en Derecho Canónico
Pontificio Colegio Español de Roma

       Habiendo tenido  noticia de que se ha incoado la apertura del proceso de beatificación de la Madre María Evangelista,  quisiera por medio de esta carta ayudar para que dicho proceso se pueda lleva felizmente a su término, y podemos ver muy pronto en los altares a esta monja cisterciense. Habiendo vivido a caballo de los siglos XVI y XVII, su testimonio nos ha llegado, por así decirlo, fresco y de primera mano, a través de las monjas cistercienses del Monasterio de Casarrubios del Monte, donde vivió. 
         El testimonio de sus virtudes, principalmente su vida de piedad, la obediencia vivida en el seno de la Orden a la que perteneció, y la caridad sin límites hacia propios y extraños, han hecho que su fama de santidad se extienda hoy a varios monasterios de la Orden Cisterciense así como a gran número de fieles, a pesar del largo lapso de tiempo transcurrido desde su muerte. 

         Espero  que el reconocimiento de la santidad de vida de la Madre María Evangelista, ayude a una vivencia renovada de su consagración religiosa a muchas monjas contemplativas, de manera especial a las pertenecientes a la Orden Cisterciense. Pido a Dios que la ayuda e intercesión de la Madre María Evangelista abra el corazón de muchos fieles al conocimiento y entrega a Dios, y les sirva de estímulo en el camino de su propia santificación e identificación con Cristo.
D. Fernando Palacios Blanco

 

 

 

 

19 junio 2013

DEL DIARIO DE ORACIÓN -1-

DE M. MARÍA EVANGELISTA 
La gran obra escrita que nos ha dejado M. María Evangelista, no son temas magistrales, fruto de su preparación intelectual. Consiste  principalmente,  en su "diario de oración". Es experiencia viva de su relación de amor con Dios. Aquí es Dios directamente, quien le enseña a ella, y ella lo escribe, porque así se lo han ordenado.

Fueron sus confesores, el P. Francisco Vivar, monje cisterciense y el P. Gaspar de la Figuera, sacerdote Jesuita, los que al constatar, lo que de Dios estaba recibiendo aquella sencilla monja, de dijeron que escribiera todo aquello, para que otros a través de la historia, nos enriqueciéramos también, espiritualmente, con aquella luz y sabiduría que M. María Evangelista  recibía de Dios. 
Proemio.[1]

[1]  Fiada de la obediencia de Vuestra Paternidad[2] y de la voluntad de Dios que yo tantas veces tengo conocida, y a pesar de tantos estorbos como hay para cumplir, de falta de salud, de tiempo, ocupaciones y de memoria, además de la contradicción de las de mi casa que lo resisten[3]; que, dando cuenta por escrito, de mi conciencia y estado de mi alma, y de lo que pasa en mi interior –de que Vuestra Paternidad será juez si es bueno o malo, y conforme a eso me guiará por que no yerre el camino de la verdad – no llevaré orden ninguno ni señalaré tiempos ni materias, sino conforme el Señor lo fuere dando, así lo iré escribiendo


                  ****

Estando un día en oración, después de haberle a Vuestra Paternidad oído la división que había en nosotras, de la María interior buena –que es nuestro espíritu– y de la exterior mala –a quien llamaba aquel santo lego la vecina–, me recogió nuestro Señor para ponerme en esta doctrina tan importante. Y en aquel recogimiento me dio a ver con la vista interior a mi alma, como si la tuviera dividida[4] del cuerpo, con el entendimiento atento a Dios, que tenía presente.

Y de aquel ser divino le venían unas ilustraciones como relámpagos, que le mostraban muchas verdades divinas. Y mi alma, con un conocimiento sencillo y sosegado, estaba mirando a Dios y recibiendo lo que Su Majestad le quería dar. Ya todo le cabe al alma a la que Dios  hace  capaz de aquel reposo y luces que bajaban de Él y encendían en ella deseos de llegar más a la fuente de la luz; que el mismo estar en ella da más sed y ansias de entrar más.

Y estos deseos son como rayos que abrasan, y ve el alma que en ellos recibe a Dios, que es el que los causa allí dentro. Y con Dios está llena y en paz, como la que se ve sentada a la mesa del Rey, comiendo el pan mismo de los ángeles que es su gusto. Y gozaba de su presencia, con un mirar al modo que las palomas miran la fuente y se ven en ella: así miraba a Dios, fuente viva, y allí se miraba mi alma: cómo de verdad no tenía nada de sí misma, ni ser, ni luz, ni vida, sino que todo le venía de Dios, en cuya presencia estaba. Y ésta, que es nada en sí, puesta en Dios vale mucho y tiene vida y ser propio. De suerte que, conociendo allí su nada y la fuente de su ser que es Dios, que en esta nada se deja conocer, logra tener vida y a sustentarla con las verdades y luces que en esta mesa real le dan para su crecimiento, con las cuales anda siempre vacía de sí, en el conocimiento profundo de su nada, y llena de la luz de Dios, de su inmensidad, poder, sabiduría y bondad.

En este retiro estaba mi alma cuando Su Majestad le dijo[5]: Estas verdades son el corazón del alma y sin ellas no hallará en sí crecimiento, porque en sí no tiene con qué crecer, de manera que necesitar salir de sí misma, para poder vivir en la verdad; que no encuentra en sí, sino fuera de sí, que es en mí. Y así, estará lejos de ensoberbecerse el alma que de esta manera mira al centro de mi ser, que soy luz y la doy a quien me mira. En esto es lo que te he dicho tantas veces que quiero que tu camino sea semejante al mío, aunque conforme a tu corta capacidad.  Porque has de saber que mi alma estuvo siempre recibiendo y gozando de esta luz, con la cual fue sustentada siempre desde el instante de mi concepción. En él mi alma conoció altamente la divinidad, lo que no se ha dado a ninguna criatura. Allí, en aquella luz, vi la voluntad de mi Padre; y obraba conforme a esta luz, apartando mi naturaleza de todo el gusto que de la parte superior le pudiera venir, y poniéndola en cruz cuanto nadie es capaz de entender si Yo no se lo enseño y ensancho su capacidad. Añadió a esto: También ando Yo a buscar corazones, y ésos, en cruz[6].

Y mirando al mío decía: Mira, también quiero Yo que, al modo que hice capaz a mi naturaleza de esta obra de cruz, que también lo seas tú, pues es este tu camino, como te lo he enseñado ya. Y estando entonces con grandes ahogos de corazón, lo miró Su Majestad con agrado por verlo en cruz y me díjo: Dámelo, que ese es mío porque lo veo en cruz, y no tiene amparo ni consuelo, y está en él la cruz, mi querida.

Y fue tanto el dolor con que me iba asentado en él la cruz, que sentía ahogarme, que me faltaba la respiración, y que iba a acabar la vida según era el quebranto y desamparo que sentía. Y ja la vez estaba mi alma conociendo el regalo que Dios le hacía, y cómo tomaba mi corazón y le enseñaba en sí mismo luces admirables, a la vez que  el cuerpo recibía la cruz pesadísima que, como viga de lagar, me estrujaba el corazón, para que  diese el amor puro que Su Majestad llamaba el mosto y la substancia sin mezcla de cosa de esta vida. Porque el amor de trabajos y cruces no lleva mezcla de naturaleza. Y en esto quiere nuestra cabeza, Cristo, que lo imitemos.

Lo veía yo que se complacía de ver lo que yo pasaba, que era no solo quebranto de corazón, sino además participaba de ese quebranto todo el cuerpo, que me tenía traspasada y puesta en cruz. Entonces dijo el Señor: Este es mi camino, no hay otro mejor ni Yo escogí otro para mí. Este es el tuyo, esta es mi voluntad; mira si tú hallas otro mejor en todos los caminos. Por este has de caminar y esta es tu senda.

Así, oprimida, me miraban sus divinos ojos, y ellos me daban una fortaleza, como un licor y aliento divino, con que no me parecía que hacía nada en llevar aquel  peso y los dolores  viniendo de la mano de Dios. A esta llamaba nuestro Señor su “obra cruz y trabajos”, sin gusto ni consuelo en la naturaleza; luces y verdades de Dios en el Espíritu y amor y sed de trabajos, que fue todo el camino que Él llevó. Y quería que yo lo imitase poniéndome estas dos partes, superior e inferior, tan apartadas y en tan diferentes tratos, como si fueran dos mujeres muy diferentes.  

[1] Misericordias continuadas (1)
[2] Se refiere al P. Gaspar de la Figuera, su Confesor en esa época de su vida.
[3] Siempre lo extraordinaria provoca desconfianza. Dios le pedía que escribiera lo que Él le iba revelando y como escribía muy despacito y mal, se lo dictaba a su confesor en el mismo confesonario para que lo hiciera más rápido. Más eso también requería más tiempo del normal. Y eso chocaba a las demás monjas que ignoraban lo mucho que Dios estaba actuando en su alma.
4 Separada del cuerpo
[5] Cuando la letra es negrita y cursiva, es Dios quien habla.
[6] En toda la vida de M. María Evangelista se desarrolla la Teología de la Cruz muy destacadamente, lo iremos comprobando en sus escritos.

29 mayo 2013

TESTIMONIO DE D. MIGUEL ÁNGEL (Capellán)

D. Miguel Ángel ante la tumba de
M. María Evangelista el día de la
 Apertura de la Causa

PARROQUIA DE “SANTA MARÍA”
CASARRUBIOS DEL MONTE
ARCHIDIÓCESIS DE TOLEDO

            Muy querida Madre Abadesa y Comunidad Cisterciense:
            Nuestro muy estimado Monasterio de la Santa Cruz nos regala ahora, además de sus siglos de presencia como un vergel en los desiertos de la vida, la posibilidad de contar con un nuevo ejemplo de vida cristiana, llevando a extremo las virtudes del alma, llamadas “heroicas”, cuando, al acertado parecer de la Iglesia, pueda juzgarse que su “primera hija y fundadora” sea propuesta como ejemplo digno de imitar en este camino de Amistad con Cristo llamado Santidad. 

            Se me pide un testimonio para la Causa de Beatificación de la Madre María Evangelista, Fundadora de este monasterio. Su cuerpo está aquí, del que además de narrarse ciertos prodigios, es un cimiento espiritual para que esta Casa siga en pie. Es un agua subterránea que hace fértiles las vidas escondidas de sus hijas; y ahora, si la Iglesia así lo considera apropiado, será para su Orden y para todo el mundo cristiano, un claro ejemplo de lo que estamos llamados a ser: Santos. 
 
            Así que su presencia aquí, con la estela de sus enseñanzas, la fertilidad que produjeron sus sufrimientos y la luz de su recuerdo para sus hijas hace que éstas no sientan la soledad, porque el ejemplo de Madre Evangelista las lleva ante el que todo lo llena. 
 
            He aquí la Esposa fiel de Cristo, la Iglesia, que presenta a uno de sus hijos como digna de ser imitada. He aquí M. María Evangelista, la cónyuge del Señor que, en su Consagración Esponsal,  hizo un día de su vida, todo para el Amado.
 
            En los siete años que sirvo este Altar de la Capilla de vuestro Monasterio me he visto enriquecido con la vida de la Comunidad que, diariamente, ofrenda los mejores frutos de sus hijas al Señor: la fidelidad a la Gracia, el cuidado servicio divino en esta Escuela de amor a Dios, como S. Benito define estos claustros cerrados al mundo pero abiertos a los infinitos horizontes de las gracias divinas, y la no sé qué extraña paz para el mundo que éste no sabe estimar. Eso es la Paz, el premio de quien cumple honestamente con su deber. Y éstas cumplen.
 
            Si de algún modo pudiéramos definir con el pobre humano lenguaje lo que es un “santo” diríamos que son las pruebas más certeras de la existencia de Dios, héroes de la fidelidad, sabios aprovechadores de la vida terrenal para el bien y expertos financieros de las ganancias venideras, esto es, las celestiales. Conocedores de sí mismos, más que los médicos pueden conocer los males de sus pacientes, más que los filósofos puedan escrutar los conocimientos internos de la vida. Éstos son los Santos.
 
            Si en la vida cotidiana reconocemos a quines nos agrada simplemente por su perfume, aun con los ojos cerrados, del mismo modo, conocemos a quienes agradan a Dios por la estela de sus obras. ¡ah, los Santos! ¡Qué magníficos ejemplos de haber encontrado el Camino para saber vivir en medio de un mundo que ya no tiene ni caminos!
 
            Como lo espero, así lo pido. Quiera el Señor, nuestro amo, fructifiquen todos los trabajos que las Madres de la Comunidad de Casarrubios del Monte ofrecen  en pro de esta no sólo noble, sino santa causa.
 
            Ella, Madre María Evangelista, será una joya que corone nuevamente a  la Iglesia, y nosotros, conocedores de su obra y beneficiarios de su intercesión, seremos los cuidadores de su llama para que no se apague nunca esta estela de luz.
Casarrubios del Monte, 20 de Agosto de 2012
Solemnidad de nuestro Padre San Bernardo.
Miguel Ángel Díez-Madroñero Moreno

(Párroco-Capellán)

06 mayo 2013

HISTORIA DEL CRISTO DE LA SANGRE


            La historia del Cristo de la sangre tiene singular importancia para esta comunidad y para todo el pueblo de Casarrubios, por la gran devoción que se ha transmitido de generación en generación. La relata Madre Gertrudis del Smo. Sacramento en la RELACIÓN-HISTORIAL de la Fundación del Monasterio de Santa Cruz de Casarrubios del Monte.

            Madre Gertrudis comenzó su noviciado el  28 de mayo de 1636, así es que convivió con M. María Evangelista al menos 12 años, por lo que todo lo que cuenta de este tiempo,  dice que  lo da por visto ella misma y advierte que lo que le han contado lo da por oído.

             Esta relación de historia de la Fundación del Monasterio, la escribió en los últimos años de su vida y explica que le tiembla la mano,   por lo que se ve obligada  a dictarlo  y dos de las hermanas más jóvenes lo escriben.
            A ninguna de ellas  se les ocurrió que debían firmar este escrito tan importante, hasta que en 1739 llegó un sacerdote a Casarrubios[1] y fue él quien les  aconsejó a las dos monjas que lo escribieron y que aún vivían que  firmaran ante Notario de que esa historia fue dictada por Madre Gertrudis y de que ellas mismas  fueron sus amanuenses.

            Entre tantos casos singulares que relata, la historia del Cristo de la Sangre.  Comienza así:

“Otro caso singular le sucedió a nuestra Venerable Madre Mª Evangelista. Fue vinieron a visitarla una señora de las principales de esta villa de Casarrubios con su madre, que se llamaba D.ª Jerónima Coronel, acompañada con otra hermana suya y una cuñada que se llamaba D.ª Mª Téllez de Cepeda. Y esta las acompañó más a la fuerza que de buen grado, porque estaba muy metida en galas y mundo, y le ofendía la clausura y pobreza religiosa. Y su trato era solo de galas y buen parecer, y con muchos pretendientes para casarse con ella, y en grande estimación de todos por sus buenas prendas y ser rica y hermosa.
No había cosa más ajena de ella que las monjas y rogaba a dichas señoras –doña Baltasara Coronel, y a sus hijas, que por lo menos dejaran  la visita para día, por razón de que ella tenía algunas galas que disponer para la festividad de la Purificación de Nuestra Señora, que es muy célebre esta fiesta en el Convento de San Agustín y en Nuestra Señora de Gracia, que se celebraba dentro de dos días. No pudo convencerlas  y  se vio obligada a acompañarlas.  Sin entenderlo ninguna de ellas, era Dios el que las movía por tener ese día destinado para su conversión. Vinieron todas al convento bien ajenas  de lo que sucedió.
Estuvieron largo espacio de la tarde en el locutorio con nuestra Venerable Madre y las demás religiosas. Y confesó después que en todo este tiempo que duró la visita no sintió el menor impulso de ser monja, antes deseaba que se acabase  pronto la visita para volver a su casa.
Y al despedirse en el locutorio, Doña Jerónima Coronel, que sólo le faltaban días para dar a luz,  pidió con devoción a nuestra Madre que le abriese la puerta de clausura para recibir la bendición y besar su santa mano, que con eso iría muy consolada y se prometía buen parto. Aceptó la M. María Evangelista, que además de que siempre era complaciente, se puede presumir que sabía lo que iba a  suceder. Y al mismo tiempo que la joven María Téllez  llegó a besar la mano de nuestra Madre, con  afecto grande y arrebatado impulso, se abrazó a ella y le decía: Por amor de Dios, Madre mía, recíbame por hija, que yo lo quiero ser, y no quiero volver a mi casa, porque si vuelvo mis hermanos me lo han de impedir, que sé que no gustan que tome este estado. Nuestra Venerable Madre le dio muchas razones para que por lo menos lo dilatase algún día y se pudiese disponer lo necesario para darle el hábito en público y con todos los requisitos que lo toman las demás.
No fue posible convencerla ni detenerla, siendo sus lágrimas muchas. Y con energía, sin podérselo impedir, entró en la clausura. Las señoras que venían en su compañía también le aconsejaban lo mismo que nuestra Venerable Madre y nadie la pudo convencer. Y aquellas señoras se despidieron y se fueron a sus casas, quedando ella en el convento muy gustosa y contenta, y diciendo que, aunque la hicieran pedazos, no había de salir de clausura.
En sabiéndolo sus hermanos recibieron grande pesadumbre y vinieron al convento pero no pudieron con ninguna razone convencerla, porque Dios nuestro Señor la escogió muy de veras para Sí por medio de nuestra santa Madre, a quien Dios había dado un natural tan apacible y atractivo, y puesto un semblante tan de santa, que todos se le aficionaban y quisieran vivir en su compañía.
Y tomó el hábito el 31 de enero de 1643. Se llamó en la religión Sor María de la Purificación, por haber tomado el hábito la víspera de esta festividad, y no debió carecer de misterio por lo que nuestro Señor la purificó con enfermedades.

Prosiguió su año de noviciado, siempre muy gustosa y firme como una roca. Profesó al año, habiendo vivido muy ejemplarmente y cumpliendo con todas las obligaciones de buena novicia, muy religiosa y observante.
Fue siempre una monja ejemplar, asistió a sus obligaciones con mucha puntualidad; y llevó el rigor de la religión siendo admiración de todos los que la conocían, por lo regalona que se había criado en el mundo. Cinco años padeció de gravísimas enfermedades, pero siempre la vimos con grande paciencia en el  sufrimiento. Acabó su vida santamente el 4 de septiembre del año 1654.

Habiendo profesado María Téllez y cumplido con su dote y ajuares y lo demás que se acostumbra, un día habló Madre Evangelista confidencialmente con ella y le dijo que mirase si se le quedaba alguna alhaja en su casa que pudiese ser de provecho en el monasterio y a sus hermanos no les hiciese falta. A lo que respondió repetidas veces María Téllez que no recordaba nada que pudiese interesar. Entonces le preguntó –porque debía haber tenido revelación de nuestro Señor por lo que después se vio- que si le quedaba alguna imagen o cuadro. A lo que respondió que una tabla tenía de Cristo con la cruz a cuestas, mas tan vieja y deslucida que no se atrevía a traerla. Le dijo M. María evangelista que la pidiese a su familia y ésta trajo la santa imagen que verdaderamente estaba tan deslucida que parecía un borrón el Cristo, con la cruz a cuestas.
Púsose la efigie en el claustro y, cuando las religiosas la veían, algunas decían que cómo se había atrevido a traer esa imagen  estando tan deteriorada. Pocos días después, hizo Su Majestad un prodigio con el que se hizo venerar con muy fina devoción, y fue el motivo de que nos tuviésemos por dichosísimas de que se hubiese traído a nuestra casa una prenda de tanta estimación y de tanta devoción y consuelo, como lo fue después que sucedió  el milagro que hubo.
El milagro fue en la forma que sigue: el día 17 de enero[1], que es San Juan Crisóstomo, del año 1648, viernes, pasando la comunidad en procesión rezando los salmos penitenciales, como se hacía todos los viernes del año, todas las religiosas que iban en ella desde la primera hasta la última, sin avisarse una a la otra, iban reparando que el santo Cristo estaba muy demudado, todas allí en comunidad comenzaron a decírselo santa Madre. Mas ella que lo sabía mejor que no nosotras, asintió de que era verdad; mas como Dios le había dado tan gran prudencia, nos dijo que todas se fuésemos  a cumplir con nuestras  obediencias y que después  de terminar nuestros rezos, volveríamos en comunidad a reconocer lo que había. Lo cual se hizo así, estándose la santa efigie con el mismo semblante de congoja y sudor, y el ropaje, que es morado muy oscuro, como de color de ceniza, de todo lo cual nos certificamos muy bien.
Viendo la Madre Evangelista que era tan cierto que sudaba sangre y agua, me mandó a mí, Sor María Gertrudis del Santísimo Sacramento –que soy la que escribo esto y estuve presente a todo–, que fuese a cierto lugar donde la Madre me señaló que trajese un lienzo para limpiar la santa imagen. Lo cual hizo por su propia mano y supe después, por un confesor suyo, que le había dicho nuestro Señor: Tú María, habías de ser la que me aliviaras y limpiaras de este sudor y congoja.
Reconociose en la santa Madre un quebranto grande de corazón y unos dolores tan grandes en todo el cuerpo y cintura, particularmente, que nos dijo que parecía que se le hacía pedazos. Mandó a la comunidad que cantásemos el Miserere, que fue más llorado que cantado porque estábamos temblando. Y hablando después en comunidad del caso, todas dijeron que les parecía que estaban presentes al riguroso Juicio del Señor. Todas quedamos con la tribulación y espanto que se puede creer de semejante suceso.
No faltó ninguna de la comunidad al reconocimiento de este caso tan raro. Y solo una religiosa se había quedado aquel día en la cama por un grande resfriado que padecía. Contámosle después el caso y ella no dio crédito de ninguna manera, antes a todas quería disuadirnos de que fuese verdad, y que podía lo uno resultar de la humedad del tiempo y o ser ardid del demonio para perturbar la comunidad, con otras razones prudentes y humanas, porque ella tenía muy buena capacidad y de su natural tan incrédula, que hasta que veía con sus ojos y tocaba con sus manos no creía las cosas, lo cual estaba muy notado en la comunidad.
Y siendo así que la santa efigie, a los ojos de las demás, volvió a su ser. El domingo siguiente, y 19 de dicho mes[2] y año, se levantó la religiosa para ir a confesarse, y llegando a hacer reverencia al santo Cristo con su propia duda, se apareció a sus ojos tan demudado como todas las demás lo habíamos visto. Con que a voces comenzó a confesar que era verdad lo que la santa comunidad decía y que no le quedaba ya duda ninguna, sino grande devoción y fervor en su corazón. Con este suceso se pasó la efigie al coro y a la reja la tuvimos algunos días, donde acudieron todos los vecinos del pueblo a visitarla, y algunos enfermos se levantaron de las camas, quedando libres de sus enfermedades.
            Algunos de estos favores o milagros han quedado escritos y los iremos publicando en este Blog



[1] D. Pedro de Saravia, que después fue el primer biógrafo de M. María Evangelista
[2] Debe tratarse de un error. El manuscrito pone que fue el día 27, pero consultando el calendario perpetuo debe corresponder al viernes 17 de enero de 1648.
[3] Continúa el error antedicho y en el manuscrito dice día 29. Al igual que se dijo en la nota anterior, según el calendario perpetuo se trata del domingo 19 de enero.