12 marzo 2014

DIARIO DE ORACIÓN - 3- Deja todo a mis cuidados



                                                                
María, por la muerte llevo yo adelante la vida,
 por la Cruz se camina, y por ella se merece.

[1]Estando en la oración mirando lo mucho que debía al Señor, y lo que Él me  había comunicado, acordándome de muchas cosas en particular que por su amor había hecho conmigo, agradeciéndoselo, dije: Señor, parece que ya habéis hecho tanto conmigo que no tenéis ya más que comunicarme, ya bueno será que en esta agua de vuestro ser te grandeza, me esté aquí sin entender nada mas, de solo estar segura, aunque ahogada en estas vuestras cosas[2], que como vuestras  pueden ahogar en esto, sin peligro muerte, como me ha ocurrido tantas veces.

Yo mirando al Señor, me di cuenta que al decirle éso así, era juzgarle a Él ser corto como yo. El Señor me decía: María, los ángeles son más capaces que el hombre, y con todo lo que gozan en mí, no alcanzan mis secretos. En mí ven lo que yo les enseño, mas no me comprenden, solo yo me comprendo a mí mismo, y solo yo alcanzo los secretos de mi Corazón. Esta es la riqueza que a ti  no te faltará en mí. Y allí, ahogada en las aguas de mi Ser, tendré yo qué dar, a tu corazón, y para él será cosa nueva. No, María, no me faltará qué darte, aunque te he dado mucho. Ése mucho será cada día más, si tú dispones tu corazón.

Y así como que pasaba el Señor como una sombra por mi corazón, que era como un perfume de su estancia, en la cual ponía a mi alma en la verdad de este conocimiento, de estas verdades, que el Señor quería viese. Veía cómo ésto era así, y cómo solo el Señor podía conocer la profundidad de sus cosas y lo que tenía en ellas. Y cómo sin luz suya, no podíamos verlo, y este ver, ninguna criatura lo vería, ni alcanzaría lo que en ellas había, y solo Él, que en sí lo tenía todo, lo tenía obrado. Y esto lo conocía el ángel que era corto, y el hombre más.

Y como mirándome[3] el Señor con aquella sombra mudanza, porque estaba como detenida por algunas cosas -sufrimientos- que se me ofrecían, acerca de mis dudas y temores, y otras cosas, casi atemorizada y esto, me hacía incapaz para recibir, por tener ocupado el corazón en todo eso, y el Señor lo quiere muy vacío para él.

Entonces, me dijo el Señor: María, apacienta  mis ovejas. Yo dije: Qué decís, Señor? Yo no soy san Pedro. El Señor como dando luz a mi corazón, me dijo: Mira, María, yo lo que te pido es, que des vida a mis obras, y no me ocupes el alma con otras cosas, éso es lo que quiero decirte en lo de “apacentar mis ovejas”. Y con tener tú tu corazón libre de toda ocupación, yo lo llenaré de mis tesoros, y por ahí, serás como san Pedro, que con lo que yo le pedía, que era esto, que dejase todas las cosas y me siguiese, Llegó a tener ésto tanta fuerza, que se hizo capaz para ser pastor.

 Mira que mi doctrina es al revés, lo que el hombre entiende por descuidar, es cuidado, y cuidado, es descuidar. Mira, dejar todas las cosas para acudir a mí, no es descuidar, sino cuidar, porque yo soy el Pastor. Mas cuidando el hombre de sus cosas, me hace a mí descuidarlas, y descuidando por estar en mí, yo soy el que cuido de él, y el que cuido de sus cosas.

El apacentar mis ovejas Pedro, le fue dado porque dejó todas por seguirme. ¿Qué piensas que es seguirme, y qué es dejar todo por mí? Es dejar todo cuidado de cosas, es desocupar tu corazón de lo que no está a tu cargo. Dejar a mi cuidado todas las cosas y seguirme por donde yo quiero camines, que son, mis sendas de Cruz. Y en eso sujetarse a mi voluntad.  No tener cuidado que aparte de mi gusto al alma, y hacerla siempre[4] trabajar todas las cosas, todos los afectos del corazón, a seguirme con valor, con determinación y señorío, dejando todas las cosas, esto es, no poseerlas.

 Mis apóstoles, poco dejaron de las cosas terrenas, mas dejaron de las cosas de los afectos de su corazón y me siguieron a mí, y en solo mi gusto pusieron su blanco, y no en otra cosa. Así siempre ocupaban su corazón en cosas de mi gusto, que como alumbraba a sus almas la luz del Espíritu Santo, eran capaces de todo esto.  Y ellos se ayudaban y así eran los que apacentaban mis ovejas, porque yo apacentaba su corazón y en ellos tenía mi asiento.

 Así, María, de esta forma, se viene a ser pastores de mi Iglesia, y aquello que te dije, era para darte a entender esta verdad. Es pastor quien dejando todas sus cosas me sigue, el que solo busca mis caminos, que con su ejemplo, viene a ser el que enseña a mis ovejas.

Todo esto le viene al alma por tratar con ella, y por darme ella ocasión para obrar yo en el alma. Hago que deje todas las cosas, que no le de cuidado nada, que sólo sea yo el blanco de sus deseos, y con esto, viene a dejarlo todo cuidado, todo afecto, todo deseo, todo lo que no soy yo, porque entiende que es  ocioso. Todo lo deja y solo pone su corazón en la soledad de mi querer. Yo apaciento en ella y ella se hace capaz de mis obras, y así como yo las tengo depositadas en su corazón, la hago como otra esposa mía, la Iglesia, y allí pongo yo todos mis tesoros, y con ellos, ella crece y reparte y reparte con mis otras ovejas, que así lo hacía Pedro, que era como cabeza de todos.

Pedro daba a los demás lo que habían menester, y ésto le vino porque dejó todas sus cosas y me siguió. Mira, cómo por dejarlo todo, lo vino a tener todo, porque lo tenía en mí, esto es tenerlo a mi modo, y es no tener nada propio, porque el hombre rico, ha de ser pobre de sí mismo y de sus cosas, y rico de las mías y con las mías.
Esta era la riqueza que tuvo mi Hijo, y esto enseñó cuando dijo “no vine a hacer mi voluntad, sino la de Aquel que me envió”, que fue decir: Yo no vine a buscar las cosas de esta vida, sino la voluntad de mi Padre, que es esto que os enseño, que es caminar por su gusto y dejar el vuestro.

 Todo lo hallarás, María, en mis caminos, tan llenos de sustancia. No di paso sino por gusto de mi Padre, y el de mi Padre fue que padeciese y que llevase su Cruz, que esto fue su gusto y así yo decía: esta es la Cruz que me puso mi Padre,  en ella he de morir, y en ella hallaba la vida. Y así yo siempre viví, y mi vida era de cruz, y me era de vida suave por no hacer mi gusto, sino el de mi Padre. Mira cómo yo vine a ser Buen Pastor de mis ovejas, que sé darles pasto, y que no les falte sustento, porque yo lo tuve en ésto que te digo.

Yo soy Pastor y la oveja que me siguiere, no se perderá. Y así, María, si no te quieres perder, sígueme por mis pastos, por mis sendas, por la Cruz, por mi Voluntad. Allí te apacienta, allí te estará tu descanso, allí quiero que la tengas como yo la tuve. ¡Oh! ¡Qué ajenos están los hombres de estas cosas! ¡Cómo me desconocen, cómo me buscan fuera de mí, cómo van a sus gustos y dejan los míos! El Señor sea por todo Bendito. Amén.

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[1] Vol. M. Trinidad Pg. 248
[2] Dificultades y sufrimientos que Él permitía.
[3]Vol. M. Trinidad Pg.  248 vol.
[4] Vol. M. Trinidad Pg. 249

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