18 marzo 2015

Libro: Diario de oración - II

Agosto Año 1627


La Sierva de Dios María Evangelista, como se ha dicho ya en este Blog, por obediencia a algunas de las abadesas y confesores que  tuvo en el Monasterio de Santa Ana de Valladolid, en algunos momentos de su vida, escribió a modo de un diario lo que de Dios recibía en la oración. Por eso, los que después hicieron copias de sus escritos los titulaban y subtitulaban ateniéndose al tema que más se desarrollaba en la doctrina destacada en ese momento.
El escrito que vamos a ir publicando aquí para que todos podáis enriqueceros con ellos, titula: “Libro de la Venerable[1] Madre María Evangelista. Año 1627". No desarrolla un tema especial a lo largo del libro, así como ocurre con otros. Sí como en todos, está presente el tema de la Cruz.
  
Domingo, 1 de agosto
En la oración de la mañana el Señor me decía: María, el alma que no me tiene confidente en su alma, no crecerá en mi doctrina; no tendrá paz en su corazón si no me tiene a mi presente. Y para conformar esta paz debe renunciar todos sus gustos y comodidades. ¿Qué piensas que quiere decir Jerusalén, que es la ciudad de los justos? Quiere decir ciudad de paz. Pocos son los que de veras quieren ser habitantes de esta ciudad de paz, porque son pocos los justos que tratan de veras de serlo y de justificarse más y más, despidiendo de su corazón todo lo que puede impedir esta paz. Decía también que era figura de la Iglesia, significada en un alma justa.
En la oración de la tarde el Señor se descubría a mi alma y mostraba cómo Su Majestad iba adelante en la obra interior, y la tela de esta obra la tejía y daba vida con la suya.
Lunes, 2 de agosto
Estuve achacosa y ocupada y falta de la oración, aunque no faltaron ansias de darme a Su Majestad. Llegó la comunión y el Señor, mostrándose a mi alma, decía que, en cuanto al aumento de gracia, Él suplía lo que había de haber dado en la oración de la mañana si la hubiera tenido, juntamente con lo que a la comunión correspondía. Y decía: Pues Yo os pongo en la pureza bautismal y quedáis como el día de vuestro bautismo, procurad vosotros corresponder como debéis y guardar con todo cuidado esta pureza, y trabajar en lo que os pongo, que por mi parte Yo os ayudaré y no faltaré a lo que he comenzado. Pedí luego por la comunidad y me mostró que daba aumento de gracia a todas, a cada cual conforme su disposición.
Martes, 3 de agosto
En la oración de la mañana el Señor se descubría más a mi alma y daba luz de sí mismo, y mostraba cómo la purificaba de todo lo que no es Él, que todo ello estorba para que no obre como quiere en su criatura. Y decía: María, sola la pureza puede hacerme a mí habitar en un alma. Los del mundo están muy engañados, que todos se van tras sus gustos, intereses y comodidades temporales, y no ven que no hay bien sin pureza, y que con sus gustos y deseos no puede haberla, sino que antes la destierran de sus corazones y me despiden a mí de ellos para que no los mire con agrado. Y así, muchas veces me vuelvo a poner los ojos en un alma que tiene y conserva la pureza, para aplacar la justa ira a que los del mundo me provocan. Y por ella perdono y disimulo con el mundo, como lo hago contigo, que por la pureza que en ti pongo me llevas los ojos. Conservadla, que ésta es la que os hará medrar en mi presencia.
En la comunión de la Misa el Señor derramaba su sangre en mi alma y la renovaba, aumentaba. Yo me espantaba de mi flaqueza, que tan presto tuviese necesidad de purificación. Y el Señor decía que también lo hacía para que la flor creciese, que ya me había mostrado cómo el cogollo estaba en alto, sobre tres altos de diferentes hojas de flores, y que para llegar a él era necesario crecer por las virtudes de las hojas, y que en ninguna virtud se crecía sin pureza, y que con ella se llegaba a lo más alto, que era a la unión perpetua con Él, que llegaría a plenitud en la gloria. Aquí está el camino que lleva a laconsumación y perfección. Con ésto el Señor me daba grandísimas ansias de esta unión consumada y perfecta, y de la pureza necesaria para alcanzarla. Y parece que el Señor ponía a mi alma en ella, transformándola en sí mismo y haciéndola olvidarse de sí misma.
Este día en la Misa de Prima hubo comunión y el Señor derramó la sangre diciendo: Crezca la flor, crezca, que Yo gusto de ello y con este riego ha de crecer. Y dijo el Señor que Él daba a mi alma tanto aumento de gracia como en las otras comuniones.
Miércoles, 4 de agosto
En la de la mañana el Señor se descubría a mi alma y daba grandes ansias de amarlo y reverenciarlo por señor suyo y de todas las cosas. Y decía: María, Yo coronaré este reconocimiento. Los príncipes del mundo andan ciegos, que solo conocen por señores a sus honras, riquezas e intereses. No tendrán corona, por que son indignos de ella, y la que tienen en el mundo es aborrecible a mis ojos, porque me desconocen y no hacen caso de mí, que soy el que solo se la puedo dar y quitar. Aborrecen mi doctrina y siguen la del mundo, que es toda engañosa y mentirosa. Después me mostraba mi alma a modo de aquella flor que otras veces me ha mostrado, con cuatro diferencias de hojas y colores, y la mostraba en un huerto cerrado. Y Su Majestad, por su mano, la estaba regando y decía: la riego con mi doctrina, que es sola la que la puede hacer crecer, que quiero Yo que crezca y progrese  en mi Iglesia.
En la comunión de hoy el Señor se descubría a mi alma como que iba en la navecilla que ahora navegaba con prosperidad, a vela tendida y viento en popa, y Su Majestad la iba llevando con seguridad. Mostraba al Espíritu Santo que la soplaba, a manera de un espíritu de majestad y grandeza tal que no se puede significar, el cual soplaba en todo el mundo con su gracia, que todo lo llenaba y vivificaba. Y decía el Señor que ahora cumplía la palabra que me había dado: que mientras durasen en mi pecho las especies sacramentales haría mucho bien al mundo. Yo le pedía por la guía que me había dado, que iba allí con la navecilla navegando, y Su Majestad la bendecía con mucho agrado. A la comunidad le daba mucho aumento de gracia.
Hoy que es Santo Domingo, el Señor al derramar su Sangre en mi alma, me puso en cruz interior como otras veces, y ofreció el sacrificio a su Padre. Y del fruto que salía de la cruz, como licor, tomaba Su Majestad y lo repartía (dándole valor con su sangre) sobre las ánimas del Purgatorio, y las aliviaba mucho por su bondad y poder. Y decía: Yo haré que vean el fruto de esta cruz todos mis escogidos, los que moran conmigo. Y como este obrero de hoy dio mucho fruto en el mundo con mi doctrina, así quiero que tú la des también y que lo vean todos los míos. Y mostraba nuestro Señor el fruto que hacía con el valor de su cruz en las almas del Purgatorio, y daba a ver cómo los del Cielo me veían en cruz con con Él, y bendecían de su sabiduría y del amor que a los hombres tiene.
Jueves, 5 de agosto
Día de Nuestra Señora de las Nieves. En la oración de la mañana mostraba el Señor mi alma como un arca cerrada donde Su Majestad asistía, y decía: María, mi Madre fue arca cerrada que guardó la paz de su corazón con todas veras, y en esto trabajó e hizo fruto digno de la gloria que tiene. A ti te tengo puesta a su semejanza, como arca cerrada, y así, has de procurar que no se abra, sino guardar su cerradura que es la paz de tu corazón. Y mientras así lo hicieres, el demonio, que anda rabioso y no para de procurar abrir esta arca, no tendrá poder ninguno, porque la paz es la que él quiere que pierdas, y para esto ofrece y mueve tantas ocasiones. No son así los que están en pecado mortal, que son arcas y sepulcros abiertos donde entran todas las sabandijas de la tierra, donde el demonio entra a su placer, porque en lugar de paz están llenos de guerras y desasosiegos, rabias e impaciencias. Lejos andan de mi espíritu y doctrina, siguen en todo la de su mayor enemigo, el demonio, que les procura su perdición. En el arca de mi Madre jamás cayó migaja de polvo, por delicado que fuese, porque nunca en ella hubo pecado. En ti algo entra y es necesario no te descuides, que te  puede hacer mucho daño.
En la comunión conventual mostraba el Señor a su Madre santísima, cómo había, con sus ruegos y pureza, detenido y aplacado la ira que justamente tenían merecida los pecadores. Y decía que aquello que había hecho con su Madre hacía ahora conmigo, y que aunque la diferencia era tanta, con todo esto, a su modo, hacía conmigo lo mismo. Porque cuando los pecados del mundo eran muchos, solía Él poner los ojos en un alma dotada de pureza, y se agradaba tanto de ella que perdía que reparase por el mundo, y así Él lo sufre y tolera  y hace muchas mercedes. Y así, ahora ponía los ojos en mí por la pureza que mi alma tenía y por este medio no castigaba al mundo. Yo me comencé a afligir mucho y me vinieron pensamientos de que era tentación lo que por mí pasaba, porque me parecía que no podía se de Dios aquella ya que me veía con las muchas faltas flaquezas. Entonces el Señor me consoló diciendo que no me fatigase, que aquello no procedía de mis propias fuerzas, sino de la gracia que Él ponía en mi alma y de la pureza que le comunicaba y con que la conservaba, pues ya me había dicho otras veces que desde que nací puso los ojos en mí. Y que a aquello poquito que yo obraba con su ayuda, juntaba Él sus merecimientos y le daba santo valor, todo era por su valor y sangre, y por ese medio hacía mucho bien al mundo.
En la comunión de la Misa el Señor estaba muy liberal, como siempre, y derramando su divina sangre en mi alma, decía que esta vez era con más aumentos que otras Y mostraba el Señor los grandes y esclarecidos aumentos de gracia que su Madre había tenido en el mundo, dándole Él, según su disposición, algunas veces, grandísimos aumentos de su gracia y como renovación de esta gracia, ahora hacía en las nuestras. Y que aquellos aumentos de su Madre se habían significado en el denuedo con que subió sin ayuda, siendo tan niña, las gradas del templo. Que así convenía que yo me dispusiese y subiese las gradas de las virtudes: con denuedo y fortaleza y perseverancia.

Sábado, 7 de agosto

En la oración de la mañana, por habérseme mandado que escribiese lo que ayer el Señor había dado, parece que recorría la memoria de ello y el Señor se descubría a mi alma y decía: María, bien tienes en qué sustentarte de mi doctrina, ora sea en lo que ayer, ora en lo que daré hoy. Con esto parecía que el Señor daba un grande conocimiento y estima de su doctrina, y que iba llevando tras sí el corazón con grandes ansias. Y decía que los tibios no hacían la estima de ella que debían, y así, nunca darían paso con medra ni que les fuese de provecho. Que muy diferente suerte quería que obrase yo en sus obras, con las veras y resolución que me había enseñado. Iba el Señor metiendo en sí mismo a mi alma y allí le daba el Señor aumentos de gracia y alientos para seguirlo a todo lo que llamaba. No se puede decir lo mucho que nuestro Señor daba a conocer de sí mismo y de su doctrina y verdad.
En la misma Misa, antes de la comunión, yo estaba dando gracias al Señor porque de tan lejanas tierras como está Roma, me había traído la persona que me había dado por guía y ayuda. Y decía que cómo había hecho aquello, pues allí, y en otras partes, pudiera ser de más servicio suyo, empleándose en negocios mayores, y no ahora ocupado en una cosa tan sin provecho. El Señor me respondió a estos pensamientos: ¿Pues de eso te espantas? Lo he traído Yo para que me labre una margarita[2] y la vaya engastando hasta que de todo punto esté perfecta y preciosa a mis ojos. Yo con esto quedé humillada y confusa, viendo cuán lejos estaba de la perfección a que el Señor llamaba. Al  tiempo de la comunión e hizo el Señor renovó mi alma de una forma muy particular y con mayor claridad que nunca. Aplicó el valor de su sangre en mi derramada en muchas necesidades de muchas almas, en particular a las almas del Purgatorio. Y aunque fue necesario dejar el puesto y acudir a la portería en acabando la Misa, no por esto el Señor dejaba de aplicar este fruto de su sangre a las almas y mostrar que lo hacía como tenía prometido. Él sea bendito. Amén.

[1] Venerable, en aquella época se denominaba a todos los que tenían fama de santidad.
[2] Del latín, significa “perla”.