08 febrero 2016

Carta de M. María Evangelista al P. Gaspar de la Figuera (S. J.)


No tengo para esta Cuaresma otra cosa de más aliento que enviar a Vuestra Reverencia, sino el traslado de esas mercedes que hizo nuestro Señor a una persona que necesitaba harto de esos celestiales consejos. No va trasladado palabra por palabra, que fuera alargarlo, sino sola la substancia.
Un día en la comunión tuve gran recogimiento y en él me mostró Su Majestad lo mucho que había obrado por medio de la cruz, y que por ella tenían vida todas las cosas. Y a mí me había hecho merced de darme luz de esta verdad y parte en esta vida, y que su providencia amorosa disponía con suavidad y fuerza hasta lo más menudo de mi camino, allanándome muchos pasos que a mí se me hacían agrios. Viendo yo, y reconociendo con agradecimiento y confusión todo esto, me humillé y admiré mucho de lo que hacía Dios con una criatura tan baja y tan indigna a este afecto. Me respondió el Señor: ¿De qué te espantas? ¿Tú y Yo no somos una misma cosa? ¿Como Yo bocado a mi mesa que no te dé de él? Volvime yo a admirar mucho más de oír esto y Su Majestad me recogió aún más adentro de lo que estaba, que no sabía de mí, y allá, al modo como habla allí sin palabras a su Dios el alma, le dije las simplezas que yo suelo: Señor, ¿por qué decís eso? ¿No veis que habláis de Vos, con quien no se puede comparar nadie? Respondiome: Hija, esto es así, ¿Yo no te llevo por mi camino? Si Yo di a mi naturaleza cruz, la di a la tuya. Si le di luz y gozo en la esencia divina, también, conforme a tu cortedad, te la he dado. Si se ha dicho contra mí, también permito que se diga contra ti. Si he sido tenido por embustero, también tú. Si que había Yo blasfemado, de ti lo dicen. Porque Yo te he dicho que torno a ser concebido en las almas, y me dan allí sustento y me fomentan, y con ser verdad mía la han tomado los ciegos por blasfemia, como cuando dije que era Hijo de Dios. ¿Pues esto no es comer a mi mesa de mi manjar, como tú comes a mi plato? También, ¿no has visto cómo una persona se mira a un espejo y ve su persona como transformada en el espejo, que parece se ha pasado allá? Así, Yo te he escogido y mirado como espejo, y voy trasladando mis obras y pasos, como tú puedes y tienes capacidad en ti, gozándome de verlas todas en ese pequeño espejo. Por eso mi sabiduría ha permitido tantas sinrazones, porque en obrar tú en cruz fuese parecida a mi obra en ella. Y si reparas, de tus trabajos y cruz hago Yo medios para socorrer a las almas, que por eso, cuando tú estás cansada, tomo Yo el fruto de tus trabajos, y juntándolo con el mío, que es infinito, saco muchas almas de penas de Purgatorio y hago otras muchas mercedes. Que quiero Yo que tú y Yo seamos una misma cosa, transformándote tú en mí, y por esto te he hecho semejante, en cuanto tú puedes llevarlo, según tu pequeñez.
Aquí me enseñó la cruz como un panal, que toda estaba llena de dulzura para el alma, y decía Su Majestad que, así como todo el panal está dispuesto para llenarse de miel, así se dispuso la humanidad de Cristo para llenarse de cruces, por amor y remedio del hombre y para sustento suyo. Que había sobrado para todos los bienaventurados y lo tenía repartido, este divino sustento, por los sacramentos, que son frutos de la cruz. Por no conocer nosotros este valor y esta su substancia de la cruz, más dulce que la miel, carecían los hombres de vida y de luz, por huir de esta sombra de penas que la tiene escondida. También dijo nuestro Señor que los que no aman la cruz ni obran en ella padecen mucho más, porque padecen sin alivio ni fruto, por no ser ayudados de Su Majestad, como los que llevan su cruz, que va el mismo Cristo con ellos; y en los mismos gozos que buscaban hallaban tormento, porque no son los de esta vida contentos como parecen. Mas los que buscan a Dios en cruz lo hallan, que es gusto esencial porque no está ni descansa sino en la cruz, y en viendo en ella al alma, la mira como a su regalada, y con ella tenía sus delicias y no apartaba de ella sus ojos.
Por que Vuestra Reverencia estime las astillas pequeñas que le fía nuestro Señor y no se tenga por olvidada, ni se ahogue de que se acuerde tanto, sino que tenga hambre insaciable de este Árbol de la Vida, cuyo fruto es todo cruces. Avíseme del recibo y qué va nuestro Señor disponiendo en Alonso de Ojea. [1]
Dios me guarde a Vuestra Reverencia, como deseo.
María Evangelista



[1] Habla ya de los trámites de fundación del Monasterio de Casarrubios
[2] Nota del copista al margen: “Este mismo año se fundó, por octubre, el Convento de Casarrubios. 1634”.